“La crisis financiera actual tiene sus raíces inmediatas en 2001, en medio del fin del auge de las empresas puntocom y de la conmoción provocada por los ataques terroristas del 11-S. En aquel momento la Reserva abrió los grifos monetarios para intentar luchar contra una desaceleración económica. Derramó dinero en la economía estadounidense y redujo drásticamente su principal tipo de interés -el de los fondos federales- del 3,5 por ciento en agosto de 2001 a tan sólo el 1% a mediados de 2003. La Reserva mantuvo ese tipo demasiado bajo y durante demasiado tiempo.
Por lo general, la expansión monetaria facilita el endeudamiento y reduce sus costos en toda la economía. También suele debilitar la moneda y aumentar la inflación. Todo eso empezó a suceder en Estados Unidos. Lo distintivo de esta ocasión fue que el nuevo endeudamiento se concentró en la vivienda. Por lo general, es cierto que los tipos de interés más bajos estimulan la compra de viviendas, pero esta vez, como ahora ha quedado de manifiesto, los bancos comerciales y de inversión crearon nuevos mecanismos financieros destinados a ampliar el crédito para viviendas a personas poco solventes. La Reserva no quiso regular esos procedimientos dudosos. Prácticamente cualquiera podía endeudarse para comprar una casa con poco o ningún pago inicial y pago de intereses durante muchos años en el futuro.
Cuando el auge de los préstamos para viviendas se consolidó, pasó a autointensificarse. El aumento de la compra de viviendas aumentó los precios de éstas, con lo que los bancos pensaron que era seguro prestar dinero a personas poco solventes. Al fin y al cabo, si no hacían frente a sus pagos, la propiedad de sus casas pasaría, revalorizada, a los bancos: al menos ésa era la teoría. Naturalmente, esa teoría sólo funciona mientras suban los precios de las viviendas. Una vez que llegan a su tope máximo y empiezan a bajar, las condiciones de los créditos se endurecen y los bancos se encuentran con la propiedad de casas cuyo valor no cubre el valor de la deuda. (…)
Durante 2006 y 2007, la burbuja financiera que ahora está derribando a instituciones financieras en tiempos poderosas llegó a su tope máximo. Entonces los balances de los bancos se llenaron de enormes cantidades de hipotecas en peligro, envueltas en complicados productos financieros que dificultaban la evaluación de los riesgos. Los bancos empezaron a aminorar su ritmo de concesión de nuevos créditos y la morosidad en las hipotecas empezó a aumentar. Los precios de las viviendas llegaron a su tope máximo a medida que se redujeron los préstamos y después los precios empezaron a bajar. La burbuja inmobiliaria estaba reventando en el otoño pasado y los bancos con gran cantidad de hipotecas empezaron a comunicar pérdidas enormes, a veces lo bastante grandes para destruir a toda una entidad, como en el caso de Bear Stearns.
Al reducirse el gasto con el desplome de la vivienda, la Reserva, para intentar prevenir una recesión y ayudar a los bancos con balances frágiles, ha estado reduciendo los tipos de interés desde el otoño de 2007, pero esta vez la expansión del crédito no se está dirigiendo a la construcción de viviendas, sino a la especulación con los precios de las materias primas y las divisas extranjeras.” (JEFFREY SACHS: El dinero fácil y la crisis de EE UU. El País, ed. Galicia, Opinión, 30/03/2008, p. 43)
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