24.3.09

El temporal que viene del Este... pincha su burbuja

"La recesión y la crisis del crédito han llegado al centro y al este del continente con una virulencia enorme, convirtiendo la región en el segundo epicentro del huracán financiero, tras los destrozos causados por la basura hipotecaria de EE UU. Los especuladores revolotean ahora sobre los sistemas financieros, las monedas y la propia solvencia de los Estados de la región. Los bancos de Europa occidental, que financiaron el gran crecimiento del Este en los últimos años, sufren, contaminados por sus inversiones en la zona. Más y más sombras sobre el horizonte. (...)

Se trata de algo parecido a otra burbuja que pincha. "Durante los años del boom, llegaron montañas de dinero del exterior y tanto las familias como las empresas acumularon grandes endeudamientos en moneda extranjera (euro y franco suizo), y los países presentan déficit comerciales enormes", explica el economista Jiri Pehe, director de la Universidad de Nueva York en Praga. Ahora que la crisis desnuda todas las carencias, la desconfianza de los mercados actúa sin misericordia sobre las monedas de esos países, sobre los bancos que están allí y, sin contemplaciones, sobre todo lo que tiene que ver con el Este.

"No parece que vaya a haber un colapso general en la región, pero algunos países sí pueden entrar en quiebra: los que asumieron más riesgos en forma de deuda y déficit exterior, y los que tienen bancos más frágiles: como las hipotecas se hacían en divisas y ahora las monedas pierden valor, muchos propietarios no podrán pagar. Hungría, Letonia y Rumania pueden ser los más golpeados", vaticina Pehe." (El País, ed. Galicia, Economía, 23/02/2009, p. 21)

"¿Hemos entrado en una nueva fase de la crisis en la que los Estados más poderosos, además de apoyar a los bancos y empresas estratégicas, habrán de ayudar a otros Estados de su zona de influencia, incapaces de pagar los préstamos y de financiar sus compromisos?

"Hay indicios de que podemos estar a cinco minutos de ello. Esta vez no sólo sucede en alejados países latinoamericanos como México o Argentina, sino en EE UU o en la vieja Europa. En EE UU, el Estado de California, la octava economía del mundo si se le considerase independiente, ha decretado la emergencia fiscal porque es insolvente. La incapacidad de republicanos y demócratas de pactar un presupuesto que mezcle el imprescindible incremento de impuestos con nuevas dosis de endeudamiento a largo plazo y reducción de gastos, ha llevado a una situación en la que el gobernador Schwarzenegger ha mandado cartas de despido al 20% de la plantilla de funcionarios, suspendido todas las obras públicas y avisado de que podría tener que pagar las cuentas con pagarés, algo que no se recuerda desde la Gran Depresión. En el origen de la insolvencia está la reducción de ingresos públicos por la crisis hipotecaria y la recesión que padece la región.

En lo geográficamente más cercano a nosotros, el Viejo Continente, hay dos crisis superpuestas. En primer lugar, la de los países del Este, que se encuentran con una etiología muy complicada: están a punto de entrar en recesión o ya lo han hecho de forma brutal (Letonia puede llegar a retroceder un 12% este año) después de haber sostenido durante varios años tasas de crecimiento de países emergentes. Además, en las últimas semanas, la mayoría de estos países (Polonia, Hungría, República Checa, los bálticos, etcétera) soportan en cadena una devaluación de sus monedas de dos dígitos, lo que recuerda mucho a la crisis asiática de 2004 que dejó asolada para una generación a esa zona del planeta.

En la eurozona también hay síntomas inquietantes. Algunos países están haciendo un sobreesfuerzo fiscal muy importante (que se traduce en espectaculares incrementos del déficit y la deuda pública) para sostener la caída de la actividad privada y los sistemas de welfare de los afectados por la primera. Los analistas y las agencias de calificación de riesgos manifiestan de modo más o menos explícito el temor a que los inversores rechacen la deuda pública emitida por algunos países de la zona euro, por un doble motivo simultáneo: la espectacular caída de sus ingresos públicos y su rápido endeudamiento. El coste de asegurar contra impagos la deuda de estos países y los diferenciales respecto al bono alemán están ahora en los máximos niveles desde antes de que se adoptase el euro. España no puede creerse marginada de estos problemas.

En las últimas reuniones comunitarias, Alemania y Francia no han descartado la posibilidad de tener que salir en ayuda de estos países. No por generosidad, sino en el entendido de que tal vez la solidaridad sea más barata que la quiebra de alguno de los miembros de la eurozona, que pondría en cuestión la moneda común, uno de los mayores pasos integradores del último medio siglo." (JOAQUÍN ESTEFANÍA: Cuando un país suspende pagos.El País, ed. Galicia, Economía, 23/02/2009, p. 22)

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