30.6.09

Ni para comer... así que Cáritas propone un "subsidio de subsistencia"... para comer

"Poco antes de la medianoche del pasado día 19, tres estudiantes de Derecho de la Universidad Autónoma, dispuestos a pasar la noche en blanco para lidiar con una asignatura hueso, se toparon en la zona de Arturo Soria de la ciudad de Madrid con un inmigrante senegalés que les pedía comida.

El examinando Sebastián volvió a su casa, muy cerca, y preparó un bocadillo de jamón, dos melocotones y tres galletas de chocolate. Durante la espera de la manduca, el africano relató a Santiago y Azul, los otros dos estudiantes, que su hermano había muerto durante una horrorosa travesía en patera hacia España. Él salvó la vida, pero las estaba pasando canutas. "No nos pidió dinero, sólo comida. Tenía hambre de verdad", recuerda Sebastián.

Una semana después del piadoso encuentro, el español Antonio también se declara hambriento, y maldice contra la inmigración en el comedor social Vicente Paul, en Madrid. Antonio es una de las 597.172 personas que vive de la misericordia desde el pasado año, casi 200.000 más que en el 2007, según el último informe de Cáritas Diocesana. "Como no llegues en patera estás jodido. Nadie te ayuda. Dice el Gobierno que no tiene más recursos. Claro, se los llevan los morenos y los sudacas", protesta. Los extranjeros son mayoría en el comedor de la abnegada Sor Ramona. "Antes dábamos de comer a unas 450 o 500 personas, pero este año hemos llegado a un pico máximo de 648. Son familias y gente que lo ha perdido todo. El 75% son inmigrantes. Una situación muy triste", dice la religiosa.

Antonio, que frisa los 50 años y nada tiene, ni siquiera cordura, arrebatada por las turbulencias de la crisis, encadena los insultos racistas y las imprecaciones contra José Luis Rodríguez Zapatero y, en su defecto, contra Mariano Rajoy. "No te alteres, el señor no tiene la culpa. Sólo ha venido a hacernos una entrevista", le tranquiliza otro español, Vicente, también en la cincuentena y en la lista de Caritas, que registra un aumento del 50% en el índice de menesterosos incapaces de atender por sí mismos sus necesidades básicas por no tener trabajo o haber agotado las prestaciones del desempleo. El abrupto descenso hacia la pobreza ha enrabietado a Antonio, soltero, torvo con los comensales africanos o latinoamericanos de las mesas próximas.

"He cotizado casi treinta años y aquí me ve comiendo de lo que me den las monjas. Mi último trabajo fue encofrador, oficial de primera. Se hundió la empresa y todos a la puta calle". Se comió los ahorros, las prestaciones del paro y pernocta en casa de una hermana. "No sé por cuanto tiempo porque ella también tiene problemas. Menos mal que no me metí en una hipoteca porque sería peor". Su compañero de infortunio Vicente, carpintero, conductor, camarero, o lo que haga falta, exige amparo oficial: una masiva operación de rescate "Duermo en un cajero después de cotizar 25 años. Sólo cobro 350 euros para los mayores de 50. ¿Qué puedo hacer con eso? El Gobierno no puede permitir lo que estamos pasando. Mi ex se quedó con la casa y yo sin trabajo. Todo a la vez". ¿Su familia no le echa una mano? "Son obreros. Bastante tienen". Vicente trocea la ración de caballa y guarda una mitad en bocadillo. "Ya sabe, para cenar".

Los testimonios recogidos en albergues y comedores sociales, en los que impera la amargura o la rabia, certifican las conclusiones del informe La respuesta de Cáritas ante la crisis, que propone una protección equivalente al 80% del salario mínimo interprofesional como medida de subsistencia." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 28/06/2009, p. 39)

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