"El final de la recesión de la economía española es dependiente de la normalización de la actividad de su sistema bancario. Tres hechos, no por conocidos menos relevantes, ayudan a entender esa afirmación.
Primero, la española es una de las economías más bancarizadas de la OCDE.
Segundo, las familias y las empresas españolas están altamente endeudadas con su sistema bancario y éste, a su vez, con el exterior.
Por último, como consecuencia en cierta medida inevitable, tenemos que asumir la muy estrecha asociación entre crecimiento del paro y deterioro de la calidad de los activos bancarios. Este último proceso no favorece precisamente la normalización de la inversión crediticia. (...)
Nunca fue, efectivamente, más explícita la vinculación entre la salud del sistema bancario y la del empleo. No hay, por tanto, muchos otros ámbitos donde sea tan aconsejable un acuerdo amplio entre los representantes de los ciudadanos. Las pérdidas de bienestar derivadas de una mala gestión de la crisis, de esas dos dimensiones absolutamente interrelacionadas, pueden ser superiores a las ocasionadas por la gripe A, que ha justificado un acuerdo entre los principales partidos sobre actuaciones públicas. Trataré de argumentar esa necesidad. (...)
Recordemos que algo más de la mitad del activo agregado del sistema bancario español está vinculado directa o indirectamente a los de naturaleza inmobiliaria, ya sean préstamos a las familias, a los empresarios del sector o directamente activos inmobiliarios, que ya estaban en el balance de las entidades o que han sido adjudicados como contrapartida a préstamos. No se puede afirmar que la depreciación de esos tres tipos de activos haya concluido. Es más, si el paro sigue creciendo, lo hará la morosidad de familias y empresas, a pesar del aumento de las adjudicaciones de activos y de las refinanciaciones. La contaminación a otras modalidades de activos como los préstamos al consumo también empieza a ser explícita. (...)
Frente a tal deterioro, decisiones adicionales de desapalancamiento de las entidades bancarias tienen un recorrido limitado. Los apoyos excepcionales de las autoridades monetarias parecen tener cercano su final. (...)
Será necesario un proceso de consolidación del sector mediante la fusión de entidades o la puesta en común de la solvencia mediante acuerdos como los Sistemas Institucionales de Protección (SIP). (...)
La otra decisión de las autoridades tampoco es políticamente cómoda: consiste en aprovechar parte del margen de endeudamiento público todavía existente. Es necesario aumentar la inversión pública y demorar las elevaciones de impuestos hasta que la economía haya neutralizado la hemorragia del desempleo." (EMILIO ONTIVEROS: Estabilidad bancaria y recuperación económica. El País, Negocios, 01/11/2009, p. 18)
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