Por tanto, podría pensarse que el hacer algo respecto a la situación del empleo tiene la máxima prioridad política. Pero ahora que se ha evitado el hundimiento total del sistema financiero, parece que toda la urgencia ha desaparecido del debate político y ha sido sustituida por una extraña pasividad. La sensación general en Washington es que no puede ni debe hacerse nada más, que simplemente debemos esperar que la recuperación económica vaya llegando poco a poco a los trabajadores. Además de inaceptable, es un error. (...)
Una medida de ese tipo sería el aprobar nuevas ayudas a las asediadas Administraciones estatales y locales, que han visto desplomarse sus ingresos fiscales y que, a diferencia del Gobierno federal, no pueden endeudarse para cubrir una carencia temporal. El aumento de la ayuda serviría para evitar un empeoramiento drástico de los servicios públicos (en especial la educación) y la eliminación de cientos de miles de puestos de trabajo.
Al mismo tiempo, el Gobierno federal podría proporcionar empleo... proporcionando empleo. Es hora de crear una versión, aunque sea a pequeña escala, de la Administración para la Mejora del Trabajo (WPA, en sus siglas en inglés) creada durante el New Deal; una versión que ofreciera un empleo relativamente mal pagado (pero mucho mejor que nada) en los servicios públicos. Se acusaría al Gobierno de crear puestos de trabajo de escaso valor, pero la WPA dejó una estela de muchos logros sólidos. Y el argumento clave es que el empleo público directo puede crear muchos puestos de trabajo con un coste relativamente bajo. El Instituto de Política Económica, una fundación progresista, sostiene que gastando 40.000 millones de dólares anuales en empleo de servicio público durante tres años se crearían un millón de puestos de trabajo, lo cual no suena mal.
Por último, podemos ofrecer incentivos directos a las empresas para que creen empleo. Probablemente sea demasiado tarde para crear un programa de conservación de puestos de trabajo, como la subvención ofrecida en Alemania a las empresas que mantengan su plantilla, que tanto éxito ha tenido. Pero se podría animar a los empresarios a contratar trabajadores a medida que la economía vaya creciendo. El Instituto de Economía Fiscal propone una deducción fiscal para los empresarios que amplíen la plantilla, algo que ciertamente merece la pena intentar. Todo esto costaría dinero, probablemente varios cientos de miles de millones de dólares, y aumentaría el déficit presupuestario a corto plazo. Pero debe compararse con el elevado coste de la inacción ante una emergencia social y económica." (PAUL KRUGMAN: El imperativo de los puestos de trabajo. El País, ed. Galicia, economía, 05/12/2009, p. 32)
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