15.2.10

Los milagros, tipo "uno entre un millón"

"El primer milagro que se atribuye a la intercesión de Mary MacKillop fue la curación de una mujer que sufría una leucemia. Milagro que, conocido en 1961, fue aprobado por el Vaticano en 1971 y “oficialmente documentado” en 1993.

El papa Juan Pablo II la beatificó en Sídney en 1995. Este año aconteció un segundo milagro cuando ella intercedió a favor de otra mujer de Sídney con un cáncer de pulmón inoperable. Esta semana, los medios de comunicación, junto con la familia de Kathleen Evans han celebrado su “milagrosa” recuperación. Su continuada buena salud es en realidad una buena noticia, pero ¿qué es un milagro? El sitio web de las hermanas de San José en el norte de Sídney (donde Mary MacKillop está enterrada) dice: “un milagro es generalmente la curación de una enfermedad orgánica de forma que puedan aportarse pruebas científicas del hecho.”

No puede haber pruebas científicas de que una persona muerta, Mary MacKillop, tiene el poder de intercesión con Dios y que ¡además! lo ha persuadido para hacer algo. No solamente la iglesia propone que su procedimiento es “científico”, sino que informa de que miles de horas han sido empleadas en el examen de las pruebas “documentales y anecdóticas” de la vida de Mary para dar fe al acontecimiento. Tribunales de obispos, médicos y otros en Sídney y Roma participaron en interrogatorios rigurosos acerca de esta “prueba”. (...)

Parece que la iglesia es reacia a reconocer la apreciación médica de la poco frecuente recuperación de enfermedades terminales, es decir la “remisión espontánea” o “regresión”. Ha sido objeto de examen científico ocasional a lo largo de décadas, empezando (hasta donde yo conozco) en 1966 con
Spontaneous Regression of Cancer (Regresión espontánea del cáncer) de W.H. Cole y T.C. Everson.

Admitieron que las causas de la remisión no son claras. También escrutaron hipótesis, entre las que incluyeron la mediación inmune, los factores hormonales y genéticos. Notaron que la fiebre a menudo parece desempeñar un papel.

La frecuencia de esta forma de aplazamiento es conjetural. La proporción más comúnmente citada es un caso entre 60.000-100.000, pero otros piensan que es más frecuente.

Coloquialmente, podemos llamarlo el fenómeno de “uno-entre-un-millón". Sucede esto también en otro sentido, demasiados casos de pacientes de “uno-entre-un-millón” sufren un efecto mortal o debilitante a causa de un medicamento o de una vacuna. ¿Son también esos fenómenos consecuencia de la acción divina?

No tengo experiencia médica. Simplemente quiero observar que existe un reconocimiento clínico de las remisiones espontáneas. Como tantos misterios médicos, este fenómeno estará sometido durante mucho tiempo a la observación sistemática, a hipótesis, a experimentaciones, a una mejor comprensión y, eventualmente, a una explicación racional.

Lo que estamos viendo no es un milagro, sino un misterio. " (Sin Permiso, 14/02/2010, citando a: The Sydney Morning Herald, 14 enero 2010, 'La obra de Dios demanda una fe ingente. ¿Primera santa australiana?' de Peter Cochrane)

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