8.11.10

En cuanto a los derechos fundamentales, España figura en quinto lugar mundial

"Se trata de la aparición de un primer informe, circunscrito a 35 países, de índices cuánticos que aspiran a calibrar cómo se lleva a cabo la traducción a la práctica de los principios fundamentales del Estado de derecho, tal y como se derivan de los convenios internacionales relevantes y desde la óptica del ciudadano normal y corriente. (...)

En este primer informe, España ha sido seleccionada entre los países de alta renta junto con Australia, Austria, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, Holanda, Japón, Singapur y Suecia. Forma parte también de un grupo regional determinado: Europa Occidental y América del Norte. No es mala compañía.

A diferencia de otros ejercicios de estadística comparada, los resultados no se engloban en un único índice sintético.

Se exponen según los nueve parámetros a tenor de los cuales se analiza el funcionamiento y la praxis del Estado de derecho (rule of law): los poderes más o menos amplios de los gobiernos; la mayor o menor ausencia de corrupción; una legislación clara, estable y conocida; la situación en materia de orden y seguridad; el estado de protección de los derechos fundamentales; el carácter más o menos abierto del aparato gubernamental; la eficacia de la legislación y de la Administración; la mayor o menor facilidad de acceso a la justicia civil y la eficacia de la justicia penal.

En esta perspectiva comparada sobresale un dato. En lo que se refiere a la situación de los derechos fundamentales España figura en quinto lugar, tanto regionalmente hablando como en el mundo. Está por delante de países tan emblemáticos como Australia, Japón, Francia y Estados Unidos. Le superan solo Austria, Suecia, Holanda y Canadá.

España descuella también en dos parámetros esenciales. Uno es el de la limitación de los poderes gubernamentales. Otro, la facilidad de acceso a la justicia civil. En el primer caso ocupa el quinto puesto regionalmente (por delante de, ¡qué le vamos a hacer!, Estados Unidos y Francia) y el séptimo en el mundo.

En el segundo, está en cuarto puesto (por delante de Canadá, Francia, Japón y, ¡de nuevo!, Estados Unidos) y el séptimo en el mundo.

Ciertamente, en relación con el resto de los parámetros, España baja, pero no deja de mantener un puesto honroso. En lo que se refiere a la carencia de corrupción, y a pesar de los estragos del caso Gürtel y otras lamentables "hazañas" de parecido tenor, figura en noveno lugar en el mundo y, desde luego, por delante (¡otra vez!) de Estados Unidos.

Su peor score (ocupa el decimoquinto puesto en el mundo, aunque el séptimo regionalmente) se refiere al carácter más o menos abierto del Gobierno. En los demás parámetros se encuentra en los puestos décimo o decimosegundo en el mundo, pero siempre entre los siete mejores del entorno.

No se traen a colación estos datos para entonar un canto ombliguista y de nacionalismo corto. Muy al contrario. Si el objetivo último de las políticas públicas estriba en mejorar el bienestar y la seguridad de los ciudadanos, es obvio que aún queda por avanzar en aspectos fundamentales. (...)

No figuran varios muy importantes de los miembros occidentales de la Unión Europea (por ejemplo, Dinamarca, Bélgica, Finlandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Portugal y Reino Unido). Es obvio, por consiguiente, que en cuanto se les considere, habrá desplazamientos en los rankings respectivos.

Ello no obstante, en el informe se han considerado países nada desdeñables con respecto a su tradición y experiencia democráticas. No incurriré en un ejercicio de autoflagelación si afirmo que muy superiores a las españolas, que fueron cortadas por una guerra civil y una larga y sangrienta dictadura de la que hoy muchos quisieran olvidarse. ¡Cómo si fuera posible rehuir la reflexión sobre 40 años de nuestra historia contemporánea y sus secuelas!

Por otro lado, alienta el ánimo comprobar que nuestro país va por delante de otros que habitualmente se nos ponen como modelos. A nuestros particulares neocons, que tomando prestada la idea a Miguel Ángel Aguilar parecen ser más norteamericanos que si hubieran nacido en Virginia o Kentucky, les desazonará quizá que España haya dejado atrás, en poco más de 30 años, a una de las cunas de la democracia occidental.

También la dejó, por cierto, hace ya muchos años en materia de protección médica y social, esa que ahora algunos querrían desmantelar." (ÁNGEL VIÑAS: El Estado de derecho en España. El País, opinión, 05/11/2010, p. 31)

"La ONU sitúa a España en el puesto 20º en calidad de vida.

El mundo es un lugar mucho mejor que en 1990. Es la principal afirmación de las Naciones Unidas, que ayer presentó su último ranking sobre el Desarrollo Humano, que lidera Noruega. El puesto 20º lo ocupa España, que avanza un puesto con relación a la medición anterior, efectuada en 2005, y se sitúa por delante de países como Reino Unido, Hong Kong o Italia.

Pero que las personas sean por lo general más saludables, educadas y ricas que hace 20 años, no evita que haya un aumento de la desigualdad. (...)

Todo sumado, el índice de desarrollo humano subió un 18% de media en las últimas dos décadas, y un 41% si se compara con 1970. Los que registraron las mejoras más significativas fueron Nepal, China, Indonesia, Arabia Saudí, Laos, Túnez, Corea del Sur, Argelia y Marruecos.

Solo en tres cayó, si se compara con hace cuatro décadas: República Democrática del Congo, Zambia y Zimbabue. En la cabeza de la tabla se mantiene Noruega, con un IDH de 0,938 puntos. Le siguen Australia y Nueva Zelanda. EE UU, la mayor potencia económica, está en cuarto lugar.

España mejora un puesto respecto a 2005 y cuatro desde 1980. Se coloca entre Dinamarca y Hong Kong. El IDH español es de 0,863 puntos." (El País, 05/11/2010, p. 36)

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