16.11.10

Los países avanzados con más déficit exterior duplicarán el saldo negativo hasta 2014, según el FMI. China rondó en octubre el récord de superávit co

"Algunos malos hábitos son muy difíciles de dejar. La Gran Recesión fue una cura de caballo para un modelo de crecimiento económico inestable. A principios de 2009, el comercio internacional se colapsó. Como paradójico resultado, los enormes superávit y déficit externos acumulados por varios países, cara y cruz de un desequilibrio perverso, cayeron a la mitad.

Pero, ahora, cuando la recuperación despunta, la economía mundial vuelve por donde solía. Un vicio recurrente que evidencia la importancia de que el G-20 pacte medidas para mantener los saldos externos en niveles sostenibles. Y que deja en mal lugar el tibio acuerdo de mínimos alcanzado este viernes en la cumbre de Seúl (Corea del Sur). (...)

En 2007, China alcanzó un superávit por cuenta corriente equivalente al 10% de su PIB, mientras el déficit de EE UU llegaba al 6% (la cifra, casi 600.000 millones de euros, es más significativa dado el tamaño de la economía estadounidense). Dos años después, ambos saldos se habían reducido a la mitad. Lo mismo ha ocurrido con la economía española (del 10% al 5%) o la británica.

Según los propios países del G-20, la recuperación revertirá esa tendencia. Al otro lado del espejo, China devuelve el reflejo inverso: el superávit comercial rondó en octubre los 20.000 millones de euros, muy cerca del récord mensual de agosto de 2008.

La existencia de superávit y déficit exteriores es la norma en el comercio internacional. Pero lo ocurrido en la última década recordó los riesgos asociados a un desequilibrio excesivo. El enorme crecimiento de las exportaciones chinas se sostuvo, en buena parte, en el endeudamiento de los consumidores estadounidenses, incapaces de cubrir todos sus gastos.

La debilidad de la demanda china (volcada al ahorro) y la política de mantener el yuan devaluado completaron el círculo vicioso: las ganancias comerciales chinas se reciclaron en los mercados financieros y el crédito fluyó con alegría. Pero fue también la gasolina para la explosión de inversiones especulativas, que acabó en la mayúscula crisis financiera de 2008.

La recuperación es desigual, y eso trae más problemas. Porque, como los líderes de países emergentes se aburrieron de repetir en la cumbre del G-20, los bajos tipos de interés (y otros estímulos monetarios como el aprobado por la Reserva Federal) en los países avanzados, todavía estancados, hacen más atractiva la inversión en países con economías y mercados más pujantes." (El País, 14/11/2010, p. 28)

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