Ningún Gobierno autónomo, diputación o partido político, ni Iglesia ni sindicatos, querían renunciar a un instrumento que les permitía financiar proyectos, poco viables, pero que aportaban votos y beneficios colaterales.
El aumento de la morosidad y unos balances repletos de activos inmobiliarios invendibles han dado al traste con la tradicional solvencia de las cajas. No son más de cinco las que superan el ratio de core capital (recursos capaces de absorber pérdidas) del 8% que exige Europa.
Una de las primeras que ha anunciado su interés en acogerse a la nueva legislación es La Caixa, la tercera entidad financiera española (detrás del Banco de Santander y del BBVA). Por solvencia es, junto con las cajas vascas e Ibercaja, la que menos lo necesita; pero gracias a la reforma, podrá crecer, buscar capital y salir de compras.
Con la reconversión se perderá, dicen los nostálgicos, la actividad social y cultural. Al carecer de accionistas, debían dedicar un mínimo del 50% de sus beneficios a reforzar capital y otro porcentaje del resultado (no más del 25%) a la Obra Social.
Sin embargo, en los últimos cinco años, con la caída del beneficio, sus presupuestos sociales se han reducido considerablemente. Hace un siglo, organizaban homenajes a la vejez y levantaban hospitales para tuberculosos.
Posteriormente, con la democracia y el Estado de bienestar, se dedicaron a organizar exposiciones de arte, edificar museos o contribuir a proyectos educativos y científicos. Actividades encomiables, pero similares a las que realizan también las fundaciones de los bancos.
No lloren por la Obra Social. Nada impide que las nuevas entidades puedan seguir contribuyendo a la mejora de la sociedad. Tampoco lloren por las cajas que desaparezcan; las mejores se convertirán en bancos, serán más solventes y sus clientes tendrán los depósitos en lugar seguro, primera y más importante misión.
Por el contrario, deberían preocuparnos esas otras cajas que, tras años de mala gestión, serán incapaces de atraer inversores y necesitarán que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) les rescate.
Se necesitarán entre 22.000 millones de euros, según el Gobierno, y 80.000 millones, según los expertos. Más déficit público. ¿Vale la pena? Solo en los casos que de la nacionalización surjan entidades fuertes e independientes, capaces de sobrevivir en el siglo XXI." (ROSA CULLELL: No llores por ellas. El País, 14/02/2011, p. 27)
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