Sus fallos de gestión han sido: Primero: Grecia destapó su escasa solvencia en octubre de 2009. El FMI acudió inmediatamente con financiación y un programa de ajuste, pero fue rechazado por considerarlo el Ecofin un asunto interno, sin tener ni experiencia ni fondos suficientes para actuar.
Tras varios meses discutiendo un paquete de ayuda, mientras su solvencia empeoraba, la reacción de los inversores obligó a crear apresuradamente el EFSF en la madrugada del 10 de mayo de 2010 para intentar rescatar a Grecia y evitar el impago de su deuda.
De haber dejado al FMI hacer su trabajo, probablemente no hubiera habido ni contagio ni crisis, y quizá Grecia habría reestructurado ya su deuda.
Segundo: se prohibió al EFSF comprar deuda de los países con problemas de solvencia (salvo excepcionalmente, tras marzo 2011 y solo en el mercado primario), pudiendo conceder solo créditos a cinco años al 5,8% (cuando se financiaba al 1,9%), castigando así al país que intenta salvar, aumentando su probabilidad de impago y olvidando que los problemas de insolvencia no se resuelven con liquidez muy cara a cinco años, sino comprándole parte de su deuda a descuento en el mercado secundario para ayudarle a salir antes de la crisis y, cinco años después, venderla con beneficio. (...)
De haberse aprobado, se habrían evitado los ataques de los mercados, el contagio y los rescates, y se habría atraído a muchos grandes inversores en deuda soberana triple A en dólares a invertir en euros como alternativa a su exceso de bonos del Tesoro estadounidense.
Rechazo incomprensible, ya que las emisiones del EFSF y del futuro ESM son ya prácticamente eurobonos." (GUILLERMO DE LA DEHESA: Fallos de diseño y de gestión del área euro. El País, Negocios, 08/05/2011, p. 18)
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