30.6.11

Las oligarquías, las democracias oligárquicas y el 15-M

"El programa de regreso al siglo XIX andaba más o menos como la seda, hasta que apareció la ciudadanía. Primero en Grecia, luego en Wisconsin (Estados Unidos, un movimiento informativamente ignorado, tanto en Alemania como en España), en el norte de África, y ahora en Europa, pues el referéndum italiano, la jornada sindical contra el pacto del euro y la próxima huelga británica forman parte de un mismo paquete.

Hasta de China llegan noticias de la preocupación oficial y de las medidas preventivas ante un eventual contagio. Pero, ¿de qué se trata?, ¿cual es el nexo de unión entre todas estas contestaciones? Se trata de la revuelta contra las oligarquías. El diccionario define las oligarquías con tres brochazos; “Gobierno de pocos” (...)

En Europa, Estados Unidos y Japón, la tríada central del sistema mundial, las oligarquías financieras dominan la economía e incluso la política. En la mayoría de los países árabes se trata de oligarquías, petroleras o no, que son subsidiarias de las anteriores. En Rusia hay una nueva oligarquía privada que se inspira en las occidentales (...)

En China la relación es inversa: allí es la Estadocracia la que domina sobre las oligarquías privadas, que, aunque poderosas, están sometidas e integradas en la constelación estatal.

Globalización ciudadana. La diferencia última no es entre “democracia” y “no democracia”, como insiste el discurso oficial, sino entre el gobierno de diversos tipos de oligarquía. No es la divisoria, sino la similitud lo que retrata mejor la situación.

Algunas oligarquías, en sociedades más opulentas, dan lugar a sistemas mucho más holgados y permisivos desde el punto de vista de los derechos y las libertades. Otras sólo dan para “democracias de baja intensidad”, o pseudodemocracias, como la rusa (...)

Lo que está ocurriendo ahora en el mundo, en todas esas zonas señaladas, es un despertar ciudadano contra la administración de la globalización que llevan a cabo todas esas oligarquías. (...)

Sobre camellos y barretinas. Hacía muchos años que algo así no ocurría y el establishment ya se había olvidado de ese factor. De ahí el desconcierto y el nerviosismo con que la clase política acoge el fenómeno por todas partes.

El apaleamiento de ciudadanos en la Plaza de Catalunya fue la versión local de la entrada de los camellos de Mubarak en la Plaza Tahrir el 2 de febrero.

Fruto de la misma miopía, luego profundizada por prensa e instituciones entre histerias guerracivilistas, con listas de “culpables” y “responsables intelectuales” casi en la periferia del terrorismo (“kale borroka”), que conducen a la típica pregunta rusa sobre este tipo de situaciones:

“¿se trata de una provocación, o de una estupidez?”. La respuesta es que parece una mezcla de ambas cosas…. Pero aquí no hay ninguna novedad. Estamos ante un clásico." (Rafael Poch, Diario de Berlin, La Vanguardia, 20/06/2011)

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