Y por eso no entiendo que, mientras el esfuerzo ahorrador se carga sobre chiringuitos y programas de muy escasa significación, se siga huyendo hacia delante en temas colosales -Cidade da Cultura, autopista de Berdoias y muelles de Langosteira- cuya iniciación fue una arroutada y cuya continuidad es pura inercia.
Aunque a la hora de buscar debates estériles y apocados ninguno supera al de las fechas de llegada del AVE, cuya enjundia no supera al famoso dilema de si querer más a mamá o a papá.
Mientras discutimos cuestiones que carecen de cualquier importancia, seguimos sin tener ninguna postura de Estado sobre los conflictos del mundo árabe, sobre cómo terminar la reforma de las cajas de ahorros, sobre la reforma del sistema laboral, sobre cómo ajustar las cuentas de las autonomías sin poner en riesgo los servicios esenciales, sobre cómo abordar con eficacia e inteligente los resultados del País Vasco, y sobre cómo priorizar los gastos e inversiones que son compatible con el intento de acortar la crisis.
Y eso hace que por todas partes se extienda la sensación de que, tras el desalojo de una clase política chamuscada por la crisis, se empieza a instalar otra más gaseosa todavía." (La Voz de Galicia, 06/06/2011, Xosé Luis Barreiro: Dime qué tontería te ocupa y te diré quién eres)
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