"Las masas astronómicas de dinero que hasta el comienzo de la crisis del
2007 circulaban en los mercados financieros internacionales buscando
inversiones que rindieran “algo decente” y que después del 2009
volvieron en cierta medida a los mercados de valores haciendo que
subieran las bolsas han sido cada vez más reticentes en meses recientes.
La subida de los precios del oro, “inversión” que no solo no rinde nada
sino que conlleva gastos asociados (de custodia, etc.) indica que
muchos inversores tienen miedo de otra caída catastrófica de los
mercados financieros y prefieren apostar al metal dorado. El dinero
sigue afluyendo a los bonos del Tesoro de EEUU, considerados al menos
como un activo “seguro”, a pesar de haber sido devaluados de categoría
AAA a AA+ por la agencia Standard & Poors.
Pero las agencias de
calificación también han devaluado la deuda de varios pases europeos y
la crisis de la deuda griega sigue creciendo como una bola de nieve, con
la perspectiva de crisis financieras importantes en otros países
europeos frente a las cuales ni el Banco Central Europeo ni los que
mandan en la Unión Europea (Alemania y Francia) saben qué hacer. (...)
¿Qué hace falta entonces para que se reactive la economía mundial?
La solución keynesiana es básicamente el aumento del gasto público y,
en alguna medida, medidas directas para favorecer el consumo reduciendo
la deuda de los hogares. (...)
Lo que proponen los keynesianos parece tener serios problemas de
factibilidad. En EEUU aumentar el gasto público se da de bruces con la
oposición no solo de los republicanos sino de gran parte de los
demócratas y del mismo presidente Obama.
Por otra parte, la condonación y
el refinanciamiento de las deudas hipotecarias no serían de ninguna
manera bien vistas por quienes son acreedores de esas deudas. Dada la
enorme cantidad de deudas incobrables o de dudosa cobrabilidad (sean
hipotecas ninja, préstamos a empresas en apuros, o empréstitos
al Estado griego, al Estado de California, o a algún otro Estado) que
hoy pesan como plomo en los balances de los “agentes financieros” que
poseen los títulos de esos préstamos (bancos, fondos de inversión o
inversores privados), los acreedores no quieren ni oír hablar de tales
medidas. (...)
En Europa la solución propuesta por los
keynesianos requeriría además una coordinación fiscal de los Estados
parte de la Unión Europea, coordinación que no existe y sin la cual
parece impensable que un gobierno (como el español, el italiano, o el
griego) pueda lanzarse a “aventuras” keynesianas. No hay dinero
disponible, a no ser que se lo imprima. Y no hay voluntad política de
imprimirlo.
¿Dónde está el dinero, pues?
Cualquier
examen superficial de las noticias financieras indica que hay enormes
masas de dinero que no saben adónde ir. El dinero está “escondido” en
las cajas fuertes de los bancos, “invertido” en lingotes de oro, en
francos suizos o en bonos del Tesoro de este o aquel país todavía
considerado “seguro”.
Puede ser que los bancos sean reacios a dar
créditos, pero la realidad es que no son muchos quienes buscan créditos
para la inversión cuando no hay buenas opciones para invertir. (...)
Y entonces, ¿qué haría falta para que ese dinero se invirtiera en
actividades productivas y pusiera “la economía” a trabajar? Lo que hacen
falta son “oportunidades de inversión”, nos dirán los economistas y los
empresarios. Pero, ¿cómo se crean esas oportunidades?
La
respuesta de los economistas conservadores es siempre la misma,
recórtense impuestos y dense facilidades a las empresas para que sea más
fácil producir. Pero, inclusive con impuestos reducidos o nulos, o
incluso con subvenciones (y no son pocas las que tienen las empresas, en
todo el mundo), las inversiones tienen poco sentido cuando la
rentabilidad esperada es escasa o dudosa. (...)
Todo esto, de todas formas, está en vías de solución. Veamos la cuestión
de los salarios. Desde que comenzó la crisis en el 2008 los salarios
han estado bajando prácticamente en todos los países. (...)
En cuestión de meses el “ajuste salarial” que piden muchos
economistas se habrá producido. Y, de hecho, será tanto más rápido
cuanto más desempleo haya y menos prestaciones se den a los
desempleados: la letra con sangre entra.
El otro problema,
también en vías de solución, si no se le ponen trabas, es el exceso de
capacidad productiva. ¿Para qué invertir en un mercado de productos X
que puede absorber 80 cuando actualmente se producen 79 y hay capacidad
para producir 120? Esto se resolvería, sin embargo, si de las empresas
que producen X quebraran unas cuantas, de tal forma que la capacidad se
reduzca a 60 o, incluso, mejor, a 40.
Las empresas quebradas (sean
bancos, empresas automovilísticas, hoteleras, inmobiliarias o de
cualquier otro tipo) serán además excelentes oportunidades de inversión. (...)
Eso no está ni mucho menos claro... Mucho más probable es que si la crisis financiera vuelve a poner a
muchas grandes empresas al borde de la quiebra, los empresarios en masa
reclamen medidas para proteger sus entidades. Pero mientras haya exceso
de capital, no habrá recuperación.
La alternativa es dejar que
el mercado obre por sí mismo y que unos cuantos cientos o quizá miles de
empresas en todo el mundo quiebren, haciendo que el volumen de
desempleo mundial se eleve de los cientos de millones actuales a miles
de millones.
Ello liquidaría las deudas, eliminaría el exceso de capital
y generaría nivel salariales “ajustados”, probablemente a niveles
chinos. Y, finalmente, llegaría la ansiada recuperación.
El
problema es, sin embargo, que ese proceso, que muy probablemente
ocurrirá, creará un enorme estrés social que no se sabe dónde puede
llevar. (...)
Si la gente de a pie está dispuesta a aguantar esa dinámica, solo los próximos años lo dirán." (Rebelión, 28/10/2011, '¿Qué hace falta para salir de la crisis?', de J. A. Tapia,
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