En el seno de la moneda única, sólo hay un modo de que un país como Grecia pueda competir con Alemania y consiste en rebajar el coste de los bienes y servicios que produce. Eso significa salarios más bajos, pensiones más reducidas y profundos recortes en el gasto público.
Y no sólo durante uno o dos años: el proceso de ajuste en el seno de la unión monetaria entraña décadas de austeridad. Para griegos e italianos, el mensaje se cifra en mermelada mañana y mermelada ayer, pero nunca mermelada hoy.
El clímax de Alicia en el País de las Maravillas se encuentra en la escena del tribunal en el que la cuestión que se debate es "¿Quién robó las tartaletas?" En el caso de la eurozona, la respuesta fácil es Grecia, que falló a la hora de seguir las reglas, pidiendo demasiados préstamos y amañando las cuentas, de tal modo que el resto de los partícipes del club de la moneda única desconocían el apurado estado de las finanzas públicas helénicas.
De hecho, la verdadera culpable es Alemania, que no logró darse cuenta de que para que funcionara la unión monetaria, la grandes naciones acreedoras tienen la responsabilidad de ayudar a las naciones deudoras ampliando la demanda interna. La clase política alemana parece creer a la vez que todos los países de la zona euro pueden ser tan competitivos como Alemania y que Alemania, en esas circunstancias, seguirá manteniendo un ingente superávit comercial. Se trata de un absurdo lógico que el Reverendo Dodgson ciertamente habría apreciado.
Para hacer las cosas aún más deliciosamente increíbles, Berlín se enfrenta hoy a un dilema. Se ha permitido que la crisis del área euro se enconase durante la mayor parte de estos dos años, permitiendo que el contagio se extendiera de Grecia a otros países periféricos. Como consecuencia, el costo de limpiar el estropicio ha aumentado enormemente.
El primer rescate de Grecia en mayo de 2010 andaba justo por encima de los 100.000 millones de euros. Para cuando tuvo lugar la cumbre de emergencia de la eurozona en julio de 2011, se consideró necesario ampliar el fondo europeo de estabilidad financiera (FEEF) a fin de crear un fondo de combate de 440.000 millones de euros. Más o menos dos meses más tarde, la impresión es que Europa precisará de 2 billones de euros, acaso de 3, para poder enfrentarse a los mercados financieros. (...)
Pero aun asumiendo que esto pudiera lograrse sin precipitar no sólo a Europa sino al resto del mundo en una segunda Gran Depresión (y probablemente no se podría), el resultado sería que los bancos alemanes se enfrentarían potencialmente a pérdidas ruinosas ante una ola de suspensiones de pago de la deuda soberana, mientras que los exportadores alemanes se verían desplazados de los mercados internacionales debido a sus precios, dado que el nuevo DM se vería fuertemente apreciado en los mercados cambiarios." (Sin Permiso, 16/10/2011, ' Alicia en la Eurozona de las Maravillas', de Larry Elliott)
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