"Aquí está pasando algo. No está claro exactamente lo que es, pero puede
que por fin estemos asistiendo a la aparición de un movimiento popular
que, a diferencia del Tea Party, está enfadado con la gente con la que
hay que estar enfadado.
¿Qué podemos decir de las manifestaciones? Lo primero es lo primero:
la acusación de los manifestantes de que Wall Street es una fuerza
destructiva, económica y políticamente es totalmente acertada.
Un
cinismo agotador y la certeza de que nunca se hará justicia se han
apoderado de una gran parte de nuestro debate político y, sí, yo mismo
he sucumbido a veces.
En el primer acto, los banqueros se aprovecharon de la liberalización
para desmandarse (y pagarse unas espléndidas sumas), inflando unas
enormes burbujas mediante unos préstamos temerarios.
En el segundo acto,
las burbujas se pincharon, pero los contribuyentes rescataron a los
banqueros, con muy pocos compromisos a cambio, aunque los trabajadores
normales y corrientes seguían sufriendo las consecuencias de los pecados
de los banqueros.
Y en el tercer acto, los banqueros mostraron su
agradecimiento volviéndose contra la gente que les había salvado y
proporcionando su apoyo -y la riqueza que seguían poseyendo gracias a
los rescates- a los políticos que prometieron mantener sus impuestos
bajos y eliminar la moderada normativa que se estableció a raíz de la
crisis.
Rich Yeselson, un experto organizador e historiador de movimientos
sociales, ha sugerido que la ayuda para las deudas de los
estadounidenses que trabajan sea uno de los temas centrales de las
manifestaciones.
Yo lo secundo, porque dicha ayuda, además de hacer
justicia económica, podría contribuir en gran medida a la recuperación
de la economía. Y sugeriría que los manifestantes también exijan
inversiones en infraestructuras -no más recortes de impuestos- para
ayudar a crear puestos de trabajo.
Ninguna propuesta va a convertirse en
ley en el actual clima político, pero la razón principal de las
protestas es cambiar ese clima político.
Y ello abre verdaderas oportunidades políticas.
Teniendo en cuenta esta historia, ¿cómo es posible no aplaudir a los manifestantes por tomar finalmente partido? (...)
Ahora, sin embargo, el partido de Obama tiene la oportunidad de
empezar de cero. Lo único que tiene que hacer es tomarse esas
manifestaciones tan en serio como merecen tomarse.Y si las
manifestaciones incitan a algunos políticos a hacer lo que deberían
haber estado haciendo desde el principio, Ocupa Wall Street habrá sido
un éxito clamoroso." (PAUL KRUGMAN: Enfrentarse a los malhechores. El País, Negocios, 09/10/2011)
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