"El euro se fundó en tres presunciones. La unión monetaria es irreversible; la quiebra de un país es impensable; las deudas públicas de los socios son plenamente seguras.
Esa triple convicción se resquebrajó en julio. Los Gobiernos europeos forzaron a los bancos privados a pagar parte del esfuerzo de reflotar a Grecia.
Muy bien, pero no lo hicieron con un impuesto, sino por la vía de admitir el deterioro de su deuda que mantenían en sus carteras, y pues, la reducción de su valor en un 21%, lo que implicaba pérdidas automáticas en sus balances.
Se hizo añicos el jarrón de la confianza. (...)
Mientras la banca sufría ante los mercados el deterioro de los bonos periféricos que mantenía en cartera (y perdía 400.000 millones de euros de valor bursátil de enero a mitad de septiembre), el BCE los admitía como prenda de buena calidad para otorgar créditos a la misma banca. (...)
Porque el esquema para este segundo rescate de la banca incluye inyecciones de dinero ¡público! dispensadas por los Gobiernos y la UE.Y mientras se recogen resultados tan magros, se estima que la reflotación superará los 120.000 millones, quizá el doble. Pero si prende el efecto arrastre, será peor. (...)
Porque el esquema para este segundo rescate de la banca incluye inyecciones de dinero ¡público! dispensadas por los Gobiernos y la UE.Y mientras se recogen resultados tan magros, se estima que la reflotación superará los 120.000 millones, quizá el doble. Pero si prende el efecto arrastre, será peor. (...)
Comparemos esas cifras con lo que habría costado condonar toda la deuda griega: 340.000 millones. Mucho menos que los 407.000 millones públicos directos del primer rescate bancario 2008-2010: 303.000 millones en inyecciones de capital; 104.000 en compra de activos malos.
O sea, las condiciones que propone Barroso para el acceso al nuevo apoyo apenas suavizarían el trágala. Se requiere mucho más para recomponer tanto jarrón roto." (XAVIER VIDAL-FOLCH: El jarrón hecho añicos. El País, 13/10/2011, p. 18)
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