"El volumen del crédito moroso se ha multiplicado por 13 desde el inicio
de la crisis, pero solo un 2,7% del dinero prestado para la compra de
vivienda está clasificado como dudoso. Este porcentaje, en cambio, roza
el 20% en el caso de las empresas del sector inmobiliario.
Pese a que el
volumen de crédito concedido a particulares para comprar la vivienda
más que duplica el que recibieron las empresas inmobiliarias, los
impagos de estas superan los 57.000 millones de euros, tres veces
superior al que suman todas las familias.
La tasa de morosidad general trepó en noviembre hasta el 7,5%, pero
los expertos no tienen dudas de que este año alcanzará el 8%, un nivel
similar al registrado a principios de los años noventa.
“La morosidad de los hogares siempre ha sido muy inferior a la de las
empresas, porque la legislación española trata con mucha dureza las
insolvencias personales. Pese a ello ha crecido mucho en los últimos
tiempos, y es de esperar que lo haga más próximamente, cuando los
mecanismos que la han contenido hasta ahora —subsidios por desempleo,
ahorros que van desapareciendo o la solidaridad dentro de las familias—
van extinguiéndose poco a poco.
Los bancos no han reflejado aún estas
pérdidas en sus balances, pero son perfectamente conscientes de que esto
va a pasar”, señala Vicente Cuñat, profesor de Finanzas de la London School of Economics.
Un estadounidense que observa cómo su casa está perdiendo valor tiene
un incentivo para ir a su oficina bancaria, dejar las llaves en un
mostrador y decir que se niega a seguir pagando por una vivienda que
vale menos que la deuda que contrajo para comprarla. (...)
Pero la legislación por sí sola no explica por qué la inmensa mayoría
de una sociedad que soporta una tasa de paro del 21,5% continúa
cumpliendo religiosamente con sus obligaciones hacia el banco. Las
facilidades que las entidades financieras han dado en los últimos años a
las familias en apuros económicos también contribuyen a esta baja
morosidad. (...)
El reverso de esta visión optimista son los más de 74.000 millones de
euros que las entidades tienen clasificados como crédito moroso
concedido a las empresas inmobiliarias y constructoras, cantidad que se
vería incrementada sustancialmente si se incluyeran las ejecuciones
hipotecarias que se han producido en los últimos años.
Y también los
17.700 millones que pidieron las familias para comprar un techo y que
ahora no pueden devolver. Si se suman todos los sectores, la cifra total
de morosidad que arrastran las entidades roza los 134.000 millones.
Pero la situación puede ser aún peor de lo que dan a entender estos
datos. Porque el agujero de los bancos no se reduce a las cantidades que
denominan como crédito dudoso, sino que hay que añadir cerca de 65.000
millones clasificados como subestándar, es decir, que tienen un alto
riesgo de impago por el sector del que proceden, pero que todavía están
al corriente del pago.
Algunos expertos mencionan la cifra de 200.000
millones como la cota de impagos que se puede alcanzar en un futuro
próximo." (El País, 24/01/2011)
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