"Uno de los mejores libros que ha aparecido sobre la crisis financiera y
sus razones ocultas lo ha firmado el americano Matt Taibbi, periodista
de Rolling Stone. Cleptopía: fabricantes de burbujas y vampiros financieros en la era de la estafa (Lengua de Trapo, 2011), con prólogo y traducción de Pablo Bustinduy, (...)
Las acciones de estos "vampiros financieros" hacen que uno se pregunte sobre la naturaleza del mal.
Existe
un tipo de persona malvada que te mirará a los ojos y luego te robará.
Pero luego existe otro tipo, mucho más cobarde, que les robará a unos
miles de personas invisibles mediante el simple procedimiento de pulsar
un botón.
Muchos de los crímenes de Cleptopía pertenecen al
segundo grupo. Hay un tipo muy particular de criminal que está
evolucionando y volviéndose cada vez más común en nuestras sociedades:
el burócrata financiero sin sentimientos que victimiza a conciencia a un
gran número de extraños indefensos por puro afán de lucro.
Creo que
este comportamiento despiadado y explotador obedece a algún tipo de
psicopatía o locura moral, y sin embargo es cada vez más aceptado,
especialmente en EEUU, donde se celebra por defecto cualquier actividad
que tenga fines lucrativos.
Cleptopía' rehúsa sumarse a las polémicas banales que instigan
los medios de comunicación. Usted habla de ello al explicar la ausencia
de debate sobre el sistema financiero en las dos últimas campañas
electorales estadounidenses. (...)
Nuestros medios de comunicación tratan continuamente de presentar el
tema como si fuese un debate ideológico: los que están a favor de mayor
regulación contra los que prefieren una economía laissez-faire,
los ricos productivos contra los envidiosos pobres, etc.
Pero el asunto
que nos ocupa no tiene nada que ver con la ideología: es un tema
policial, de aplicación de la ley. Unos cuantos mamones le están robando
dinero a la gente. No veo cuál podría ser la "controversia".
Una de las formas de evitar intromisiones legales es blindar
las operaciones con una coraza de jerga impenetrable. Cleptopía' acierta
a traducir todos esos trabalenguas y destapa lo que son: estafas.
Los
banqueros y las aseguradoras cobran tarifas exorbitantes por sus
servicios porque han creado un universo de jerga que la gente corriente
es incapaz de comprender. Al principio debió ser un lenguaje utilitario
para ganar dinero de forma legítima.
Pero cuando esos tíos empezaron a
tramar conspiraciones criminales cada vez más elaboradas, aquella
verborrea enloquecida se convirtió en un escudo contra el escrutinio
público, porque nadie era capaz de entender qué diantre estaban
haciendo, ni siquiera consultando los documentos adecuados. Eso explica
por qué periodistas como yo pasamos una gran parte del tiempo
traduciendo sus términos a lenguaje normal.
Su libro recuerda algo que parece de ciencia-ficción utópica:
la época en que presidentes como Ted Roosevelt y Frankie D. Roosevelt
luchaban contra el monopolio financiero, aprobando leyes que impedían la
concentración de dinero y poder.
Estamos en una nueva
era de corrupción. Hace tiempo existían ciertas líneas que los políticos
y líderes financieros jamás cruzaban, por mucho que buscaran dividendos
y privilegios.
En las acciones de oligarcas como los Rockefellers o los
Vanderbilts había un elemento de noblesse oblige; se sentían
responsables de mantener la sociedad en funcionamiento, construir
infraestructuras, etc.
Nuestra nueva clase de líderes financieros, por
el contrario, está completamente desprovista de cualquier tipo de
instinto patriótico; son individuos sin Estado que no le deben fidelidad
a país alguno, que viven en mansiones amuralladas en paraísos fiscales y
sienten indiferencia por cualquier cosa que suceda fuera de su
propiedad. Para colmo, no construyen nada; sólo nos despojan de bienes.
Muchos políticos tratan de convencernos de que lo que es bueno para
compañías "estadounidenses" como Goldman Sachs o el Bank of America es
bueno para el resto del país.
Pero una de las ideas más importantes que
trato de comunicar es que compañías como Goldman, Chase o el Bank of
America no son "estadounidenses" en ningún sentido significativo del
término. Ni siquiera ellos mismos se ven así." (Público, 03/02/2012)
No hay comentarios:
Publicar un comentario