" Tampoco ahora se trata, como se dice machaconamente, de “una crisis
económica mundial”. Lo es por la gravedad de las consecuencias de lo que
sucede en Europa sobre el resto del mundo. (...)
Es fundamentalmente la crisis de Latinoeuropa y, sobre todo, de Italia y
España. Berlusconi y Zapatero. De Islandia, Grecia, Portugal e Irlanda
también, pero son economías pequeñas cuya caída no pondrá al mundo patas
arriba. (...)
España no iba nada bien. Nunca se habían cantado las maravillas del
crecimiento económico español como se ha hecho en los últimos 15 años.
Con referencia a 1996-2007, se ha escrito que la crisis cierra un “ciclo
de doce años de vacas gordas” o una etapa de “13 años de crecimiento
ininterrumpido y robusto (3,5% de media en este periodo)”. (...)
Todo falso. Ha sido un crecimiento económico ficticio. ¿En qué estarían
pensando los analistas que contaban aquellas inverosímiles maravillas?
¡Perdónales, Señor, no sabían lo que escribían! ¿O sí lo sabían? (...)
Así que, ponderado por el aumento de sus habitantes, el crecimiento
del PIB supera por muy poco al crecimiento de la UE de 15 miembros en la
primera parte del periodo, para quedar por debajo ya en 2004 y de forma
permanente a partir de 2006, según datos de Eurostat.
En comparación con el conjunto del mundo, el resultado es mucho peor:
la economía española ha crecido por debajo de la tasa de crecimiento
del PIB mundial. El único periodo en que España lideró el crecimiento,
solo por detrás de Japón, fue en 1961-1973: nada menos que el 8% de
aumento anual del PIB.(...)
Se ha crecido algo más que la media gracias a los donativos gentilmente
concedidos por alemanes y otros europeos del Norte, cerca de un 1% anual
del PIB entre 1996 y 2006. Más, mucho más, que el Plan Marshall que
permitió reconstruir Europa después de la II Guerra Mundial.(...)
Pero el maná no podía durar eternamente. ¿Quién creyó que nos iban a
mantener de por vida? ¿No están ahora ellos, los europeos del Norte, en
su derecho de pasar cuentas? (...)
El capitalismo del despilfarro. La pregunta más grave es otra: ¿qué se
hizo de aquella inmensa ayuda recibida, producida por el trabajo de
nuestros socios de los países donantes? ¿Ha servido para elevar la
productividad relativa y hacer más competitiva la economía? La respuesta
es clara:(...)
Particularmente inquietante aparece el diagnóstico de Germà Bel, cuando
anuncia que el lastre para el crecimiento de una infraestructura inútil
seguirá en el futuro porque es, en sí mismo, “el problema de España”, su
razón de ser. (...)
El crecimiento económico depende del aumento de la productividad. La productividad española ha ido de capa caída.(...)
Pese a los ingentes fondos europeos, la productividad relativa se
deterioró hasta 2005. Solo el comienzo de la crisis y la pavorosa
destrucción de empleo han permitido recuperar el nivel relativo de 1996,
aunque sin consolidar esa recuperación. ¡Gracias a que no trabaja casi
nadie! (...)
Entre tanto, acabamos de batir el récord histórico de déficit público en
porcentaje del PIB, el récord histórico del desempleo, el récord
histórico del déficit exterior. La Seguridad Social ya está en déficit.
¡Ah! Y no se olviden ustedes de que “la culpa la tenemos todos”. Como si
el pobre ciudadano de a pie pudiera cambiar las leyes o decidir las
inversiones (¡!) públicas." (Jordi Maluquer de Motes: España en el país de las maravillas. El País, Negocios, 19/02/2012)
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