"Pongamos que se llama Erich Hansen. Erich Hansen es educador del sector
público en una pequeña ciudad del estado de Hesse [en el centro de
Alemania]. (...)
El sueldo de Erich Hansen pasaría de 3.250 euros mensuales a 2.760.
En cambio, su cotización al sistema sanitario se incrementaría 530 euros
en un año, mientras que el IVA pasaría del 19 al 22 %.
Este educador,
al que le gusta tomarse una cerveza y fumarse un cigarro después del
trabajo, tendría que afrontar un aumento del 33 % en los impuestos sobre
el alcohol, la gasolina y el tabaco.
Los compañeros de Erich Hansen están preocupados. El Gobierno ha
anunciado la supresión de 460.000 puestos en el sector público. Los
jubilados alemanes tendrán que contar con una reducción de 1.000 euros
en sus ingresos anuales. (...)
Mientras, nuestro supuesto Erich Hansen ha perdido su empleo. El
educador tuvo que renunciar a la indemnización por desempleo. El Estado
le retiene 600 euros al año. Erich contribuye así al rescate del euro. (...)
Una mirada hacia Grecia bastaría para retomar el buen camino y para
constatar que para los ciudadanos griegos, hace tiempo que el asunto
está claro: la catástrofe es una realidad y el país se parece cada vez
más al tercer mundo." (Presseurop, 29 febrero 2012,
Cicero
Berlín)
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