"Quienes defienden el copago hacen gala de una falta de argumentos y de un fundamentalismo ideológico que es muy preocupante. (...)
Dos. Los usuarios no son quienes deciden la mayoría de la utilización
inapropiada de los servicios sanitarios. Si nos centramos en España,
descubriremos que solo una pequeña parte de las consultas las deciden
los ciudadanos (mas o menos el 30%) y el resto son inducidas por el
propio sistema (revisiones, derivaciones a los especialistas, etc), y
que son los profesionales los que deciden el 100% de las pruebas
diagnósticas y de las recetas que sufraga la Sanidad Pública.
Si se
pretende desincentivar la utilización inapropiada no tiene sentido
dirigir la actuación sobre los que no deciden, sino en todo caso hacerlo
sobre los que hacen las indicaciones.
Tres. El copago no tiene capacidad para discriminar entre las
demandas adecuadas y las inadecuadas, sino que interviene por igual en
todas ellas. Se pretende que la intención del copago es limitar las
demandas innecesarias, pero estas son pocas como se ha señalado
anteriormente, y además la mayoría de las que se producen son inducidas
por el sistema, un ejemplo muy claro son los partes de baja por
incapacidad transitoria que obligan a los ciudadanos a acudir
semanalmente a sus médicos sin ningún motivo, establecer unos tiempos
medios por cada enfermedad es fácil, así como dar una baja validad para
este tiempo.
Lo mismo sucede con la prescripción electrónica que evita
que los pacientes crónicos tengan que visitar a sus médicos para obtener
simplemente las recetas, en ambos casos es la administración la
responsable y la que puede arbitrar medidas para solucionar el problema y
en algunos sitios ya se ha hecho ¿Por qué tienen que pagar los
ciudadanos la ineptitud de la administración?. (...)
Cinco. Los estudios realizados todos, sin excepción señalan sus serios
problemas, así el RASD Corporation (de 1979) si se lee con atención
señala que la disminución de utilización esta relacionada de manera
inversa con el nivel de renta. Informes posteriores señalan que: la
eficacia en la contención del gasto sanitario es mínima o irrelevante;
las cuotas de participación son un impedimento de importancia en el
acceso a los servicios para los pobres y los ancianos que viven con
bajos ingresos, que retrasan o impiden el uso de servicios sanitarios
necesarios y que no se ha demostrado su capacidad para contener la
demanda, que incluso, en algún caso se ha incrementado (Department of
National Health Welfare ,Canada 1991;National Health Strategy Unit,
Australia 1991;Escola de Saude Publica, Portugal 1990). (...)
“Los copagos en los medicamentos reducen la utilización de los
medicamentos esenciales y aumentan los efectos adversos y las visitas a
urgencias (JAMA 2001). El efecto de los copagos en Alemania fue que “Los
que tenían enfermedades crónicas, en el análisis multivariante,
evitaron o retrasaron acudir a consulta 2,45 veces mas (IC 95%
1,90-3,15) que los que no las padecían” (BMC Health Research 2008).
“El
incremento del copago en las visitas de medico general (7$) y
especialistas (9$) produjo una disminución del numero de visitas/año
(20% menos) pero un aumento de los ingresos hospitalarios (11% mas). El
aumento fue mayor en personas con bajos ingresos y patologías previas
(HTA, diabetes, infarto de miocardio). El resultado fue un aumento de
los costes en 24.000 $ /año por cada 100 personas incluidas)” (New England 2010).
“La
eliminación de los copagos en los medicamentos a los enfermos que
habían tenido infartos de miocardio mejoro la adherencia al tratamiento y
redujo los costes de asistencia” (New England 2011). O sea que todo lo contrario de un éxito en equidad y reducción de costes
Siete. El caso de Portugal es bastante interesante, no solo por la
historia y por la cercanía geográfica, sino sobre todo porque podemos
observar los efectos del copago sobre el gasto sanitario y la equidad.
En 1990 se instauraron copagos sobre las consultas de Atención Primaria y
especialista, así como sobre pruebas diagnósticas y en 2007 además
sobre ingresos hospitalarios.
El gasto sanitario total paso de ser el
5,9% del PIB en 1990 al 10,6% en 2011 (España paso en el mismo periodo
del 6,5 al 9%), pero en 2011 el 6,4% de la población con ingresos
menores a la mediana declaro en Portugal no haber recibido atención
sanitaria que necesitaba por falta de dinero, mientras que en España era
el 0,4% (Eurostat 2011). Por lo tanto el efecto no fue disminuir el
gasto, que se incremento, y además dificulto el acceso al sistema
sanitario a los mas pobres." (Attac Madrid, 17/03/2012)
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