15.3.12

En nuestro país los seguros privados individuales son ridículamente baratos pero tienen “mucha letra pequeña”. A la mínima, o el paciente tiene que pagar de su bolsillo el extra de determinadas decisiones clínicas, o es derivado al comodín de la pública

"De guardia en el hospital público madrileño en que trabajo, por segunda vez en pocas semanas nos derivan un paciente de una clínica privada. Han sido un niño asegurado por Adeslas y una niña con cobertura de Sanitas.

 Ambas familias tienen también aseguramiento público, como casi todo el mundo con pólizas privadas en España, y todo el derecho a ser atendidas pero, ¿por qué la privada no cubre sus propias demandas?

Lo resume José Ramón Repullo, profesor de la Escuela Nacional de Sanidad, afirmando que en nuestro país los seguros privados individuales son ridículamente baratos pero tienen “mucha letra pequeña”. A la mínima, o el paciente tiene que pagar de su bolsillo el extra de determinadas decisiones clínicas, o es derivado al comodín de la pública. (...)

Sin embargo, el lobby de este negocio insiste en que la privada contribuye a la sostenibilidad de la pública porque la descarga de pacientes. Una falacia de calado, dado que habitualmente quien tiene aseguramiento público y privado acude tarde o temprano a los dos sistemas. (...)

Mientras trabajé durante un par de años atendiendo recién nacidos en dos clínicas privadas de la capital, percibí varias cosas. Para empezar, que la primera prioridad era ganar dinero. Con frecuencia se hacían ingresos cuestionables, estos se prolongaban en exceso, o se solicitaban pruebas diagnósticas prescindibles con el objetivo de facturar más a sus respectivas aseguradoras. (...)

A mi juicio, en ocasiones los riesgos eran mayores y se retenían pacientes complejos, como grandes prematuros, que debieran haber sido atendidos en servicios especializados como los óptimos que tenemos en los grandes hospitales públicos de nuestra región. (...)

Y los pacientes –esto es, todos nosotros- no tenemos más que ver lo que ocurre en Cataluña, donde las listas de espera, el mayor problema de nuestra sanidad, ya suman 25.000 personas más. Evidentemente, eso tampoco es gratuito. (...)

Como muestra, el botón de los trasplantes. Salvo en España, donde la excelente labor de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) está consiguiendo sortear la situación, las donaciones se han desplomado en los países más afectados por la crisis. Así, han caído un 35% en Irlanda, un 50% en Grecia, y se han estancado en Portugal."        (El País, 20/02/2012)

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