Esta frase, generada en los establishments financieros y políticos de la Eurozona, señala que su moneda está en crisis y que, a no ser que se implementen cambios profundos con los déficits y la deuda pública de los Estados, reduciendo dramáticamente su gasto público y su protección social, el euro desaparecerá.
De ahí la llamada al arrebato para apretarse el cinturón (sobre todo de las clases populares) y salvar tal moneda. Bajo esta excusa se está reduciendo la protección social y desmontando el Estado del Bienestar de los países de la Eurozona, privatizándolo.
Es cierto que el euro ha ido
devaluándose un poco, pero no tanto frente al dólar o a la libra
esterlina, sino frente a las otras monedas europeas, especialmente las
monedas de Suecia, Noruega y Suiza, así como la moneda de los países
emergentes como Brasil, China e India.
Las reducciones de gasto público,
incluyendo del gasto público social, tienen, pues, poco que ver con el
valor del euro, a pesar de toda la avalancha ideológica neoliberal
enmascarada como rigor.
El valor del euro depende,
primordialmente, de un hecho que permanece casi oculto en los medios de
mayor difusión, y es el comportamiento del Banco Central Europeo (BCE)
que antepone el proyecto de controlar la inflación por encima de
cualquier otro objetivo.
En realidad es su único objetivo, logrado a
costa de no realizar otra función que realizan otros bancos centrales:
estimular la economía. Es decir, el BCE para salvar al euro está, con su
comportamiento, destruyendo la economía de los países de la Eurozona,
condenándolos a una Gran Recesión y pronto a una Gran Depresión.
El BCE, aunque es el único banco central
que puede imprimir dinero en la Eurozona, imprime poco dinero,
manteniendo así la inflación baja. Para complicar todavía más la cosa,
mantiene unos intereses bancarios altos, dificultando además la
disponibilidad del crédito, con lo cual, la actividad económica se
reduce, el crecimiento económico se ralentiza, y aparece la recesión. En
otras palabras, para salvar al euro el BCE está destruyendo a las
economías de la Eurozona.
Detrás de esta frase “hay que salvar el
euro” hay, sin embargo, unos intereses muy concretos y específicos:
conseguir defender los intereses de la banca, y muy en especial de la
banca europea para la cual la eliminación de la inflación es su objetivo
único.
Ello explica que estemos donde estamos, con una inflación baja y
con un desempleo enorme y una economía de recesión. Y todo, para
salvar, no tanto al euro, sino a la banca. A la banca, la recesión
actual le está yendo muy bien.
Según Ronald Janssen, economista que
asesora a los sindicatos belgas, los beneficios bancarios en la zona
euro han crecido astronómicamente, alcanzando 50.000 millones de euros
en 2010, y 27 .000 millones en la primera mitad del presente año.
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