“La crisis que estamos atravesando es fundamentalmente gratuita: no hace falta que suframos tanto ni destruir la vida de tanta gente”, escribe.
A lo largo de la obra, Krugman desmiente uno a uno los dogmas neoliberales y señala la senda de la recuperación. Sus fórmulas, sin embargo, no son novedosas. Ni siquiera son reformuladas.
Para Krugman el camino de la recuperación fue descubierto en 1929 con la Gran Depresión, aunque, a su juicio, los actuales economistas de Estado y sus predecesores, desde los años 80, sufren una amnesia selectiva acerca del éxito de las fórmulas keynesianas.
Por ello, para el economista más famoso del mundo la recuperación económica pasa por, principalmente, tres acciones. “La forma más directa es que el gobierno gaste donde el sector privado no lo hace”, afirma. El Nobel señala que está “más que demostrado” que los cambios en el gasto gubernamental mueven la producción y el empleo en la misma dirección. “si se gasta más, crecerán tanto el PIB real como el empleo, si se gasta menos, el PIB real y el empleo menguarán”, añade.
Continuando con este razonamiento, Krugman señala se deberían haber iniciado proyectos como inversiones en carretera, sistemas hídricos o mejoras en los ferrocarriles, pero sobre todo, aumentar las partidas de gasto social destinadas a las clases más necesitadas.
“Si das dinero a gente que lo necesita, lo va a gastar seguro”, asevera. La segunda de las vías pasa por la actuación de la Reserva Federal en Estados Unidos y por el Banco Central Europeo en el viejo continente.
La más novedosa de sus aportaciones pasa por la vivienda. El premio Nobel aboga por rebajar las deudas de las familias con los bancos para, de esta manera, puedan consumir más otro tipo de productos. Además, esta rebaja de las hipotecas estaría justificada porque el valor de los inmuebles ha bajado notablemente a lo largo de la presente crisis.
Por último, el economista señala otra serie de medidas alternativas, complementarias a las anteriores, que empujarían a la economía a la senda del crecimiento como una apuesta decidida y realista por la economía verde. A este camino se llegaría imponiendo a las empresas medidas de restricción de emisión de gases o partículas nocivas y estableciendo incentivos para las empresas que inviertan en nuevas técnicas menos perjudiciales para el medio ambiente.
Pero el economista no sólo construye alternativas, también desmonta falacias, mitos y dogmas neoliberales. (...)
Para Krugman toda esta retahíla de frases que tanto han oído los ciudadanos en los últimos años no son más que unpuñado de falsedades pronunciadas por políticos y economistas a sabiendas de que están mintiendo en muchos casos. Mienten, porque, admitir que hay otras alternativas que las suyas a la salida de la crisis sería admitir que su movimiento político y económico (el neoliberal) está equivocado.
Porque el problema no empezó en el 2008, sino en los 80 con las políticas que iniciaron Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, que posteriormente se trasladaron a Europa.
“Para meternos en esta depresión han hecho falta décadas de malas directrices políticas y malas ideas (…) porque durante mucho tiempo estuvieron funcionando muy bien para un puñado de gente rica y con muchísima influencia”, escribe.
Entre esas políticas está permitir que se fusionen la banca tradicional y la banca de inversión, la eliminación de límites a las tasas de interés, permitir la liberalización total de los productos financieros y así un largo etcétera de medidas tomadas entre los años 80 y la actual que han desembocada en crear una serie de grupos de presión como los bancos que no pueden caer.
Por ello, Krugman propugna que Europa ponga “coto a los ataques de pánico”, ofrezca “garantías a los ataques de pánico” y se olvide de su ataque de austeridad máxima al que califica de “austeríaco”. “La economía no es una obra moral. Si has gastado mucho, demasiado, durante un tiempo, la solución no es la rectitud fiscal.” (Público, 13/06/2012)
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