18.6.12

La banca española está quebrada. Tiene una deuda conjunta, pública y privada, de alrededor de tres billones de euros. Y la europea también está quebrada, en la cola siguen Italia, Francia... y Alemania

“Esta vez, Europa está de verdad al borde del precipicio”, titula El País (10.6) la materia que firman el afamado Nouriel Roubini y el historiador inglés, Niall Ferguson. (...)

El detonante de todo este `catastrofismo’ fue el rescate de España por parte de la Comisión Europea y el FMI, un país que había sido caracterizado como ‘muy grande para ser salvado’, y cuyo sistema bancario calificado como “muy sólido” en una fecha tan cercana como febrero de 2010.

 La operación consiste en inyectar 100 mil millones de euros (aunque no se sabe si en dinero efectivo o en papeles de garantía) a un fondo estatal de rescate de bancos, o sea que incrementa la deuda pública española en un 15% de una sola vez, para hace frente a una corrida bancaria que amenaza dejar a España sin bancos.

 En el primer trimestre del año salieron 97 mil millones de euros (Le Monde, 2.6), pero otros 45 mil millones lo hicieron en abril (Ámbito, 13.6). La fuga supera el monto del salvamento. El 70% de ese dinero es retirado por bancos extranjeros, que no refinancian los créditos o sacan los depósitos; los ahorristas, como ocurre con frecuencia, llegarán tarde. 

A esto es necesario añadir la salida de capital que se produce por medio de la venta masiva de deuda pública por parte de fondos extranjeros, y la desvalorización consiguiente de los títulos que son objeto de este remate, que están en poder de los bancos españoles.

La banca española está quebrada; esto vale potencialmente para `titanes` como el Santander o el BBVA, que ven desvalorizarse sus participaciones o créditos a la industria, debido a la recesión económica. Con una deuda conjunta, pública y privada, de alrededor de tres billones de euros y un alto porcentaje de ella con la eurozona y fuera de ella, es por completo normal que los titulares de los medios se salgan de los goznes.

Hay que advertir, de todos modos, algo que es esencial en la caracterización de la bancarrota actual: a partir de los activos y pasivos de los bancos se ha construido otro edifico financiero, más inmenso, que consiste en contratos de seguros sobre esos activos y pasivos, al igual que otras inversiones compensatorias (conocidas como “derivados”). De modo que reducir la crisis al ‘defol’ de los activos visibles (subyacentes), le priva a ella de perspectiva adecuada (catastrófica).

El rescate en cuestión es, además, una falacia. Con una política de ´ajuste´ que apunta a reducir la deuda pública, el rescate la aumenta. Al meter en las cuentas a un acreedor soberano -el Fondo Europeo de Rescate- desplaza la prioridad de los acreedores privados en un evento de quiebra. El aumento de la deuda pública, como ya se dijo antes, desvaloriza los activos del Estado en manos de los bancos, lo que aumenta su incapacidad de pago.

España ha llegado a esta situación luego de haber obligado a la fusión de cinco bancos en quiebra, con el resultado de crear otro mayor, Bankia, que primero intentó rescatar de la quiebra mediante una nacionalización parcial y que ahora debe socorrer el Fondo Europeo -en una suerte de supra nacionalización de un banco en gran parte nacionalizado.

La desesperación de la operación de rescate queda definitivamente al desnudo cuando se sabe que los rescatistas ignoran la envergadura del agujero financiero que pretenden llenar, una vez que la auditora de Bankia (Deloitte) denunció que las cuentas de la entidad estaban fraguadas. Para que una auditora rehúse su colaboración en un fraude contable, la envergadura de la estafa debe ser francamente desproporcionada.  (...)

Un punto fundamental de la crisis, que Prensa Obrera ha tocado varias veces, afecta no ya a la generalidad de los bancos sino a los bancos centrales nacionales de la zona euro. Ocurre que, a ‘grosso modo’, estos bancos centrales financiaron los saldos negativos del balance de pagos de sus países, primero en los tiempos de euforia importadora y luego (con la crisis) para rescatar a bancos y empresas de sus países, con crédito, principalmente, del Banco Central de Alemania, por medio de una operatoria especial prevista en los estatutos del Banco Central. Este mecanismo permitió un boom exportador por parte de Alemania, en la primera fase, y el sostenimiento de sus bancos y empresas a partir de la crisis.

El monto de la deuda ha llegado a la generosa cifra de 800 mil millones de euros y, con suerte, llegará al billón, al final de 2012. Es claro que el Bundesbank no logrará cobrar la mayor parte de esa deuda sin derribar a los bancos centrales nacionales deudores. Un rescate de los bancos centrales nacionales por parte del Banco Central Europeo es un contrasentido, porque equivaldría a usurpar una institución estatal autónoma. Alemania debería salir al rescate de su propio banco central. (...)

La quebradera bancaria no se limita a España; en la cola siguen Italia y Francia (“la salida de capitales en Italia ha subido a 322 mil millones de dólares desde 2009″ -Corriere della Sera, 31/5). Pero incluso los bancos de Alemania y Austria no están mejor: “Fueron los más golpeados en los primeros estadios de la crisis (…) aún atrapados en la burbuja hipotecaria de Estados Unidos” (Financial Times, 7/6), a lo cual suman “sectores problemáticos como el naval y financiero”.

 La agencia Moody’s “destacó la limitada capacidad de los bancos alemanes para hacer frente a pérdidas, dada su escasa rentabilidad y el escaso monto de patrimonio relativo al total de sus activos” (ídem). Una parte de la banca francesa está enterrada hasta el cuello en Grecia, en tanto que la de Italia acumula una parte colosal de la deuda pública italiana y en el este europeo y los Balcanes, al borde de un ‘defol’. La mayor parte de la banca se encuentra entrampada en la deuda pública de sus propios países. 

La estrategia de Alemania es, sin embargo, visible para cualquiera: “die Anschluss” - la anexión de la zona euro. Un ejemplo de ellos es que ha exigido la creación de ‘zonas francas’ en las naciones en quiebra (O Estado de Sao Paulo, 26.5). Alemania, sin embargo, no tiene por ahora los medios militares, políticos o económicos para imponer una anexión -debe proceder por etapas, de acuerdo a las oportunidades que ofrezca la propia crisis. 

Tampoco puede proceder en forma administrativa: debe negociar o imponer su hegemonía a Francia, y negociar un reparto de influencias con Estados Unidos y China."                   ('Bodas de sangre en Europa, el final del matrimonio del euro', de Jorge Altamira, e4blog)

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