"La perspectiva de
esta eurocrisis es su ensamblaje con la crisis global y con la vana ilusión de resolverla mediante una posible nueva
gran guerra en Oriente Medio que acabe con los últimos regimenes independientes
de Occidente en la región. Que sean dictaduras o no, es lo de menos.
Lo que cuenta es la disciplina de su alineamiento, como es archiconocido: amarrar el control energético y subyugar de paso a grandes países autónomos -ellos mismos temerosos de ser algún día víctimas de los cambios de régimen- que, o bien se abastecen de combustible en los pozos de esos regímenes, como China, o bien tienen intereses en ellos, el caso de Rusia.
Un 1929 con traca bélica en Irán y repercusiones en Asia, una gran guerra, no es ninguna alucinación de visionario.
Lo que cuenta es la disciplina de su alineamiento, como es archiconocido: amarrar el control energético y subyugar de paso a grandes países autónomos -ellos mismos temerosos de ser algún día víctimas de los cambios de régimen- que, o bien se abastecen de combustible en los pozos de esos regímenes, como China, o bien tienen intereses en ellos, el caso de Rusia.
Un 1929 con traca bélica en Irán y repercusiones en Asia, una gran guerra, no es ninguna alucinación de visionario.
“Cuando el Zar se vuelve loco, se va de
guerra al Cáucaso”, dice un viejo proverbio persa. Ahora que el Capital
está enloqueciendo quién sabe si acabará yendo a guerrear precisamente a
Persia.
Si no se quiere
acabar marcando el paso o aclamando a nuevos belicosos caudillos (las señales
de la agresividad y el desprecio a los débiles y vulnerables, ya están
instaladas entre nosotros), las sociedades europeas tendrán que levantarse.
La juventud europea sin futuro tendrá que abandonar su rebeldía “on line” , pasar a otro estadio de organización y compromiso, crear nuevas economías locales basadas en la utilidad y el apoyo mutuo, y pelar por Europa.
La juventud europea sin futuro tendrá que abandonar su rebeldía “on line” , pasar a otro estadio de organización y compromiso, crear nuevas economías locales basadas en la utilidad y el apoyo mutuo, y pelar por Europa.
Para ello no hace
falta ni siquiera cambiar las consignas que ofrece Bruselas: Más Europa, sí, pero para afirmar otra
Europa. Más integración, sí,
pero de la protesta civil europea.
No puede ser que
los griegos hagan huelga el lunes, los italianos el miércoles, los portugueses
el martes, mientras los alemanes y los belgas se manifiestan en domingo. Esa es
la única integración europea válida y
realista. Uno de estos días hay que armarla en toda Europa para acabar con
tanta indignidad." ('Uno de estos días hay que armarla en toda Europa: sobre indignidades nacionales e integración europea', de
Rafael Poch, La Vanguardia, 30/06/2012, en Sin Permiso, 01/07/2012)
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