"El pasado 29 de junio el Consejo Europeo alcanzó un acuerdo para
permitir la recapitalización directa de la banca española y, con ello,
intentar aliviar la presión de los mercados sobre las deudas soberanas.
Este acuerdo modifica algunas de las condiciones inicialmente previstas
en el rescate de la banca española, lo que está siendo presentado por el
gobierno como una auténtica pica en Bruselas. (...)
No obstante, el acuerdo alcanzado no sólo presenta importantes
claroscuros, sino que también mantiene las perennes obstinaciones de
Bruselas. Aunque encender una vela en un oscuro túnel puede ahorrarnos
algún tropiezo, no hace que el túnel cambie de destino. (...)
El rescate "realmente existente" de la banca española exigirá nuevas
medidas de ajuste para poder alcanzar este quimérico objetivo de
reducción del déficit al 3% en 2013. Estamos en vísperas de un
importante incremento del IVA (impuesto que grava especialmente a las
rentas más bajas), que seguramente aumente el gravamen de algunos
productos y servicios básicos desde un tipo superreducido (4%) al
reducido (8%), o desde este último al tipo normal (18%).
Otra
modificación esperada será la eliminación de la desgravación por la
compra de vivienda, que -aunque favorecería el régimen de alquiler-
podría endurecer simultáneamente la situación económica de aquellas
familias asfixiadas que afrontan en este momento el pago de su hipoteca.
Cabe esperar igualmente nuevas reducciones salariales de las y los
empleados públicos -y muy probablemente despidos-, así como nuevos
intentos por retrasar la edad de jubilación.
Las consecuencias
del rescate de la banca española -con o sin recapitalización directa-
serán amargas para las y los trabajadores y especialmente para las
familias de rentas más bajas. La deuda contraída por las entidades
financieras españolas con los bancos extranjeros, buena parte de ella
vinculada al negocio inmobiliario, se pagará a costa de seguir cerrando
quirófanos, despidiendo profesores y recortando derechos.
Pero
estas medidas ni siquiera garantizan que el crédito vuelva a fluir en la
economía española, en tanto en cuanto no resuelven el problema del
préstamo fallido de promotores y constructoras, el exceso de activos
inmobiliarios que acumula la banca, ni la sobrevaloración de dichos
activos. Las medidas de ajuste en una "recesión de balances" como la
actual -donde todos los actores intentan desendeudarse simultáneamente-
no hacen sino profundizar la crisis y aumentar progresivamente la
morosidad de los activos bancarios.
El fuerte descenso del ahorro de los
hogares españoles desde 2010 -vinculado a los menores ingresos de las
familias, a los recortes salariales y al agotamiento de las prestaciones
públicas-, es una muestra de esta tendencia.
Además, el rescate
de la banca española tampoco elimina a medio plazo los riesgos de
contagio a otros países. Como recuerda el economista griego Yanis
Varoufakis, en la medida en que la financiación del FEEF y del MEDE se
basa en el principio de que todas las deudas contraídas por dichas
instituciones deben ser separables y atribuibles a un único país, su
utilización continuada necesariamente incrementa la ratio de
endeudamiento sobre el PIB del resto de países no rescatados, situando a
éstos en posiciones de creciente fragilidad." (Rebelión, 04/07/2012, '¿Dulce rescate o agrio secuestro?', Daniel Albarracín, Nacho Álvarez, Manolo Garí y Bibiana Medialdea, Público.es)
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