21.9.12

Asistimos, hasta el momento con inusitada y misteriosa calma, a la adopción de una política económica brutal, consistente en arreglar el desaguisado que la misma clase política provocó con medidas que agobian y humillan

"Al presidente del Gobierno parece irritarle que los españoles no comprendan su obsesión por cuadrar el déficit a fuerza de recortes. (...)

El problema es que lo que perciben los ciudadanos, y me incluyo, es que se está tratando de reconstruir un país ruinoso a base de dejar al pobre sin resuello o de asfixiar a la clase media, que es al fin y al cabo la que mantiene el mercado vivo. 

Asistimos, hasta el momento con inusitada y misteriosa calma, a la adopción de una política económica brutal, consistente en arreglar el desaguisado que la misma clase política provocó con medidas que agobian y humillan: impuestos que encarecen el material escolar, cobro de las instalaciones de comedor para los niños con tartera, retirada de mamografías gratuitas y obligadas, por no hablar del paulatino desmantelamiento de la sanidad pública, de la rebaja de sueldos o de haber convertido la investigación en España en un oficio imposible.

Y si el sacrificio sirviera para algo, si alguien supiera a qué conduce, pero de momento lo único que se está provocando es miedo, paralización del riesgo creativo y una especie de desánimo colectivo que degenera ya en un profundo resentimiento.

De momento, nada ni nadie les hace desistir de su plan de ajuste a costa de los más desfavorecidos."             ( El País. 12 SEP 2012)

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