24.9.12

Catalunya Caixa engañó y estafó a sus clientes de toda la vida con productos financieros agresivos y tóxicos (preferentes y deuda subordinada perpetua). De esta forma...

"Para exponer y analizar el modus operandi de Catalunya Caixa, voy a utilizar las notas que tomé en una reunión, informativa y monográfica, sobre el engaño-estafa-robo perpetrado por Catalunya Caixa, que ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros) organiza semanalmente. Esta reunión tuvo lugar, el pasado 5 de julio de 2012, en la sede de Barcelona de la precitada asociación.

Catalunya Caixa engañó y estafó a sus clientes de toda la vida con productos financieros agresivos y tóxicos (preferentes y deuda subordinada perpetua). En realidad, se trata del mismo producto. En ambos casos, los clientes dan un préstamo a la entidad financiera, sin ninguna garantía del capital prestado ni de los intereses a percibir. Además, uno de ellos no tiene vencimiento (las preferentes) y el otro lo tiene ad calendas graecas, es decir en un futuro que no llegará nunca (deuda subordinada). (...)

El modus operandi para esquilmar a sus clientes era muy simple. El director o un empleado de una agencia de Catalunya Caixa se ponían en contacto con las víctimas propiciatorias y, abusando de la confianza que tenían en ellos, las convencía, vía telefónica, de las bondades del nuevo producto-basura.

 Luego, las citaban en la agencia respectiva para firmar parte de la documentación necesaria (y digo parte, porque Catalunya Caixa no ha entregado los seis documentos preceptivos), documentación que las víctimas firmaban, sin leerla previamente:
1. Porque se utiliza en ellos un lenguaje críptico e incomprensible, incluso para el ciudadano medio.
2. Porque el pequeñísimo tamaño de la tipografía de los documentos, que había que firmar, los hacía ilegibles.
3. Y, sobre todo, porque los nuevos clientes de estos productos confiaban ciegamente en el director o el empleado de toda la vida de la agencia en cuestión.
En esta modalidad de chiringuito piramidal y durante algún tiempo, cuando un poseedor de estos productos agresivos y tóxicos quería desprenderse de ellos y recuperar su dinero, Catalunya Caixa buscaba entre sus clientes aquellos que tuvieran un plazo fijo a punto de concluir o liquidez en sus cuentas corrientes (pequeños ahorradores) y los embaucaba siguiendo el modus operandi descrito en el párrafo anterior. 

Así, los productos tóxicos pasaban a otro cliente, se impedía que se rompiera la cadena y se descubriera el pastel de esta modalidad de negocio piramidal, que comercializaba productos inadecuados para los clientes embaucados (pequeños ahorradores, que son conservadores y que no están dispuestos a jugar con sus ahorros).

Hay un dato que abunda en el hecho de que el engaño y la estafa fueron claros y flagrantes. En efecto, Catalunya Caixa no entregaba a sus víctimas propiciatorias toda la documentación preceptiva y, en particular, dos documentos: el folleto descriptivo del producto, donde aparecen las características del mismo (intereses, que estaban condicionados; vencimiento, sin fecha; y tipo de producto, agresivo); y el cuestionario MIFID: 
se trata de un pequeño cuestionario de siete preguntas, que las entidades financieras debían hacer rellenar obligatoriamente (por imperativo de la Unión Europea) al posible comprador de estos productos, para evaluar ‘el conocimiento y la experiencia inversora del posible cliente’; y, en función del resultado del test, la entidad debía ofrecer o no los productos de los que hablamos.

Por lo tanto, Catalunya Caixa ha ocultado información fundamental y sensible a sus clientes-víctimas propiciatorias. Y esta falta de transparencia, junto con el abuso de la buena fe y de la confianza de los mismos, hace que la comercialización de estos productos tóxicos y agresivos sea engañosa y fraudulenta, y que los contratos firmados sean nulos. 

Este modus operandi denota un desprecio total y absoluto por parte de Catalunya Caixa hacia sus clientes de toda la vida, aquellos que les han dado de comer, al ser sus clientes y depositar en ella sus ahorros.

Procediendo así, los empleados de esa cueva de Alí Babá han dilapidado la amistad, la confianza, el respeto… de sus clientes, prostituyéndose por un plato de lentejas (o por el pesebre y el cubil). Hace unas semanas, El Roto sintetizó este modus operandi con la frase lapidaria: ‘¡Llegar a rico (es decir tener liquidez) me costó lo vuestro!’. 

Como diría José María Carrascal, así pasaron las cosas y así se las he contado. Y como aseveró Bertrand du Guesclin, el 23 de marzo de 1369, en el castillo de Montiel: “Ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor (la verdad)”.             (lavozdebarcelona.com, 18/09/2012, Manuel L. Cabezas González)

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