"La Unión Europea,
la neoliberal, está forjada sobre la base de una España periférica
sumisa a los intereses de las economías europeas centrales, Alemania y
Francia, y a sus capitales industriales y financieros, en connivencia
armoniosa con los grandes empresarios españoles.
En estas décadas sumisas, la economía española es un vértice
importante en la división desigual europea del binomio capital-trabajo.
La economía española firmó su sentencia desde la aceptación de los
criterios de convergencia nominal, que no real, y quedó a la deriva de
un intercambio y desarrollo desigual en clave europea-mundial.
Esta
dependencia de la economía española se demuestra de mil y una formas.
Hay fuerte dependencia comercial, productiva y tecnológica; España
exporta productos de menor valor añadido que los que importa, sobre todo
a la Unión Europea. Hay dependencia de capital extranjero; la fuga de
capitales (de no colocación a largo plazo) en los últimos meses viene
acompañada por un aumento de inversión extranjera directa buscando
nuevos sectores privatizados.
Hay dependencia financiera; la gran
mayoría de la acreedores de la deuda, directa o indirectamente (vía
encadenamientos financieros), están en manos de la banca alemana y
francesa, bajo aseguradoras estadounidenses.
Además, hay dependencia monetaria. Hay dependencia en política
agrícola y pesquera. Hay dependencia salarial. Y sin lugar a dudas, lo
que hay es una fuerte dependencia política. Con la crisis, los grandes
capitales europeos abogan por una transición que reconfigure el negocio.
Cualquier atisbo de soberanía, estorba.
La soberanía, cuanto menos,
mejor. Hace poco, obedeciendo la directriz franco-alemana, el gobierno
español (PP-PSOE) aprobó la reforma constitucional que amputa la
política fiscal como resto de instrumento soberano en materia económica.
Implementó la reforma laboral exigida por la gran patronal (europea y
española) en un acto de devaluación de derechos y represión salarial sin
parangón.
Optó por sanear activos tóxicos privados intoxicando a toda
la población. Continúa sustituyendo deuda privada por mayor deuda
social. Esta senda parece no tener frenos: lo próximo, luego de la
estrategia de siempre (basada en publicitar la insostenibilidad), quizás
sea otra reforma para privatizar totalmente el sistema de pensiones.
Los grandes capitales precisan nuevos negocios, nuevas burbujas, y esto
no tiene límites." (Rebelión, 11/09/2012,Alfredo Serrano Mancilla, Público.es)
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