4.9.12

Esto es lo que pasó... y lo que puede pasar

"El verano de 2007 fue cosa común y corriente. Tony Blair había dejado de ser primer ministro a finales de junio y su sucesor, Gordon Brown, disfrutaba de un período de luna de miel. Era un año sin Mundial de fútbol ni Olimpiadas.

Luego, el 9 de agosto, llegaron informes de que los bancos centrales se habían mostrado activos en los mercados. The Guardian afirmó que su actuación implicaba bombear miles de millones de libras en el sistema financiero para calmar los nervios en medio de los temores de una contracción del crédito. 

Lo que desencadenó el pánico fue la decisión del BNP Paribas de bloquear la retirada de tres hedge funds, debido a lo que denominó una completa evaporación de la liquidez. Un portavoz del banco describió la medida como una cuestión técnica temporal. 

¿Técnica?, ¿temporal? En un lapso de seis semanas quedó claro que no se trataba de un problema pasajero cuando durante tres días los inversores empezaron a hacer cola en el exterior de las entidades del banco Northern Rock, la primera situación de pánico de un banco británico destacado desde mediados del siglo XIX. Cinco años después, la economía global tiene todavía que recuperarse del profundo trauma causado por la arrogancia de los banqueros.  

En aquel entonces, no obstante, eran pocos los que se imaginaban que el 9 de agosto de 2007 acabaría por ser un mojón en la historia financiera. El Guardian publicó la noticia en la página 29 porque no parecía haber razones para creer que esta vez fuera diferente de anteriores ataques de nervios en los mercados. 

Hicieron falta unos cuantos días para caer en la cuenta de a qué se habían dedicado los banqueros, porque los "amos del universo" contaban con su propio lenguaje esotérico. Hablar sobre valores respaldados por hipotecas, seguros por impagos (“credit default swaps”, CDS) y derivados en mercados no regulados era el equivalente de aquellos monjes del siglo XII que escribían biblias en latín medieval para unos campesinos que sólo hablaban inglés.

Despojado de su jerga, resulta bastante fácil ver qué es lo que sucedió. Los bancos hacían enormes apuestas con un capital valiosamente escaso en reserva de ir mal las apuestas. 

Los ciudadanos pedían préstamos a una escala que sólo resultaba sostenible si el valor de sus carteras de acciones y de sus viviendas seguían subiendo un año tras otro. Los gobiernos asumieron que la recaudación fiscal en auge sería permanente y aumentaban el gasto público.

En agosto de 2007, empezó a escaparse el aire de esta gigantesca burbuja. Sucedió en tres fases. El sector financiero fue el primero en sentir sus repercusiones, dado que si bien resultaba evidente que casi todos los bancos habían estado metidos hasta las cejas en inversiones ligadas al mercado inmobiliario, nadie sabía cuánto dinero llegaría a perder cada entidad. El sistema financiero se detiene chirriando si los bancos se niegan a prestarse unos a otros, como sucedió en agosto de 2007.

La segunda fase de la crisis tardó más de un año en desarrollarse. Durante ese período, se produjeron una serie de cambios: se intensificó la crisis financiera, cayeron los precios de la vivienda y de las acciones, y las presiones inflacionarias aumentaron tras un alza brusca del coste de la gasolina. 

Cuando Lehman Brothers se declaró en bancarrota en septiembre de 2008, la economía global estaba lista para reventar y los seis meses siguientes fueron testigos del mayor desplome desde la Gran Depresión. 

Los gobiernos detuvieron ese resbalón hacia un derrumbe del género del de los años 30 por medio de una acción coordinada, pero hicieron descarrilar sus finanzas a consecuencia de ese proceso. Rescatar a los bancos resulta caro, especialmente si se tiene en cuenta que unos niveles productivos muy inferiores redujeron los ingresos fiscales. Los consumidores notaron que tenían una deuda excesiva. 

Hacia mediados de 2009, la mayoría de los gobiernos ya advertían que tenían una deuda excesiva. No era agradable como lugar en el que estar. Los bancos centrales intentaron ayudar facilitando crédito barato y abundante. Recortaron las tasas de interés e hicieron uso de métodos poco convencionales  – como comprar bonos a cambio de efectivo  – para impulsar la oferta de dinero. 

Se tenía la esperanza de que así se estimularía la recuperación del sector privado y se proporcionaría un espacio en el que respirar, dentro del cual los gobiernos podrían arreglar sus finanzas.

El intento de resolver una crisis causada por el crédito con más crédito aún se ha demostrado, como resultaba previsible, un fracaso. Ha sido algo un tanto semejante al motorista que bombea desesperadamente aire a un neumático que lo pierde por un pinchazo: funciona durante algún tiempo, pero al final la rueda vuelve a desinflarse. (...)

Para la economía global las cosas pueden ponerse peor antes de que mejoren. El verano de 2012 ha visto señales de una ralentización general, y las repercusiones de los problemas de la deuda soberana en Europa se han hecho sentir en América del Norte y Asia.

 La eurozona se encamina a una doble recesión y los EE.UU. están creciendo bastante más lentamente de lo que ha sido la norma tras anteriores caídas, mientras la economía de China está sintiendo las repercusiones de la mayor rigidez de una política necesaria para aplacar los efectos inflacionarios del estímulo inyectado en 2008-09."     (Rebelión,  04/0'9/2012,Larry Elliott, The Guardian, Sin Permiso)

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