"Acabo de leer que Gaspar LLamazares
(Izquierda Unida) propone como solución, me imagino que como reacción al
encuentro Merkel - Rajoy, que España abandone el euro. (...)
Las nefastas consecuencias de la
salida unilateral, por parte de un estado, de la moneda única, es un
tema manido en exceso. Para no aburrir, intentaremos sintetizar aquí las
principales repercusiones.
En primer lugar, cualquier indicio
de que se va a abandonar el euro provocaría retiradas masivas de fondos
del sistema bancario y salidas de capitales del país, como ya está
ocurriendo en España, acentuando aún más la gravísima crisis bancaria
que ya padecemos. Para frenar esa hemorragia sería inevitable prohibir
la retirada de dinero de los bancos, reeditando el corralito argentino
de 2002.
Como se ha demostrado en Argentina, la limitación a la retirada de depósitos unida a la contracción del crédito por parte de la banca, reducirían dramáticamente el consumo y la inversión, lo que se traduce en menor producción y más paro.
Como se ha demostrado en Argentina, la limitación a la retirada de depósitos unida a la contracción del crédito por parte de la banca, reducirían dramáticamente el consumo y la inversión, lo que se traduce en menor producción y más paro.
Los defensores de la salida del euro
argumentan que una moneda propia permitiría ganar competitividad en los
mercados internacionales a través de las consiguientes devaluaciones de
la nueva moneda.
La devaluación tendría que ser, con toda seguridad, muy importante, no solo por la necesidad de incrementar la competitividad, sino también porque los mercados de divisas sobre-reaccionarían, debido a la enorme incertidumbre que se generaría.
La devaluación tendría que ser, con toda seguridad, muy importante, no solo por la necesidad de incrementar la competitividad, sino también porque los mercados de divisas sobre-reaccionarían, debido a la enorme incertidumbre que se generaría.
Pero además, como la baja
competitividad es un problema estructural, que no monetario, al poco
tiempo las iniciales ganancias de competitividad acabarían siendo
absorbidas por la inflación, por lo que habría que ir a sucesivas
devaluaciones, convirtiéndonos cada vez en un poco más pobres.
Por otro lado, la deuda externa
está, normalmente, denominada en euros o en dólares. Si se mantiene esa
denominación, el valor de la deuda en términos de la nueva moneda
nacional, se vería tremendamente incrementada y sería imposible poder
hacer frente a su devolución.
Si se optase por reconvertir la deuda denominándola en la nueva moneda nacional, los acreedores verían tremendamente reducido su valor en euros, lo que equivaldría, en la práctica, a un default. Obviamente, la reacción de los mercados de capitales sería dejar de comprar deuda de ese país durante mucho tiempo.
Si se optase por reconvertir la deuda denominándola en la nueva moneda nacional, los acreedores verían tremendamente reducido su valor en euros, lo que equivaldría, en la práctica, a un default. Obviamente, la reacción de los mercados de capitales sería dejar de comprar deuda de ese país durante mucho tiempo.
Las sucesivas devaluaciones, unidas a
la incertidumbre generada en el mercado de divisas, incrementarían muy
considerablemente los tipos de interés, lo que se traduciría en cada vez
menor consumo y menor inversión, o lo que es lo mismo, menos producción
y más desempleo.
Esta sería, en esencia, la senda que recorreríamos para volver a los años sesenta del pasado siglo." (A furada do trasno, 06/09/2012)
No hay comentarios:
Publicar un comentario