"Dado el inevitable retroceso de la demanda doméstica que provocan las
políticas de austeridad, las autoridades comunitarias se reafirman en
la idea de que el sector exterior es el único motor del que dispone la
economía española para impulsar la reactivación y salir de la crisis.
A
falta de cualquier otro razonamiento o propuesta, el Gobierno de Rajoy
ha hecho suyas esa idea y las medidas de recorte que de ella se derivan.
Aclaremos mínimamente el asunto. Se trata del actual sector
exportador tal y como está, sin cambios significativos en las actuales
especializaciones y sin que se hayan producido inversiones
significativas encaminadas a impulsar la innovación, modernizar la
oferta productiva o reforzar el progreso técnico (o la productividad
global de los factores).
En la situación actual ni las empresas tienen
el menor incentivo para invertir, debido al retroceso generalizado de la
demanda, ni el Gobierno hace el más mínimo intento de mantener el
esfuerzo en educación, promover la cualificación de la población activa o
reforzar su actividad inversora, obsesionado como está en sumar
recortes a los recortes para cumplir con su compromiso de reducir el
déficit público y conseguir dejarlo en el 3% del PIB en 2014.
Las
políticas de austeridad en vigor imposibilitan cualquier proyecto
inversor y así, lejos de impulsar un cambio modernizador, el tejido
económico y empresarial y el crecimiento potencial se degradan.
Los datos reflejan que la mejora de las exportaciones netas (o, lo
que es lo mismo, la diferencia entre exportaciones e importaciones de
bienes y servicios) favoreció el pequeño crecimiento real del PIB de
2011 (un 0,7%) y logró frenar el hundimiento del producto en los años
2009 (-3,7%), 2010 (-0,1%) y, previsiblemente, 2012 y 2013.
Pero, más
allá de ese innegable papel positivo jugado por la demanda externa,
resulta pertinente interrogarse sobre la suposición que sustenta el
horizonte de reactivación económica que ansían las autoridades
económicas españolas y comunitarias. ¿Puede ser la demanda externa la
pieza esencial que permita recuperar el crecimiento?
Ya que el inevitable proceso de desendeudamiento de hogares y
empresas se va a prolongar durante años, que el recorte del gasto
público es una columna básica de la estrategia conservadora de salida de
la crisis y que las altas tasas de paro suponen una presión sobre los
salarios que se ha visto reforzada por las sucesivas reformas del
mercado laboral, ¿pueden crecer las ventas exteriores hasta el punto de
compensar el retroceso de la demanda doméstica?
Los datos muestran que, hasta ahora, no ha sido así. (...)
Dado el inevitable retroceso de la demanda doméstica que provocan las
políticas de austeridad, las autoridades comunitarias se reafirman en
la idea de que el sector exterior es el único motor del que dispone la
economía española para impulsar la reactivación y salir de la crisis. A
falta de cualquier otro razonamiento o propuesta, el Gobierno de Rajoy
ha hecho suyas esa idea y las medidas de recorte que de ella se derivan.
Aclaremos mínimamente el asunto. Se trata del actual sector
exportador tal y como está, sin cambios significativos en las actuales
especializaciones y sin que se hayan producido inversiones
significativas encaminadas a impulsar la innovación, modernizar la
oferta productiva o reforzar el progreso técnico (o la productividad
global de los factores).
En la situación actual ni las empresas tienen
el menor incentivo para invertir, debido al retroceso generalizado de la
demanda, ni el Gobierno hace el más mínimo intento de mantener el
esfuerzo en educación, promover la cualificación de la población activa o
reforzar su actividad inversora, obsesionado como está en sumar
recortes a los recortes para cumplir con su compromiso de reducir el
déficit público y conseguir dejarlo en el 3% del PIB en 2014.
Las
políticas de austeridad en vigor imposibilitan cualquier proyecto
inversor y así, lejos de impulsar un cambio modernizador, el tejido
económico y empresarial y el crecimiento potencial se degradan.
Los datos reflejan que la mejora de las exportaciones netas (o, lo
que es lo mismo, la diferencia entre exportaciones e importaciones de
bienes y servicios) favoreció el pequeño crecimiento real del PIB de
2011 (un 0,7%) y logró frenar el hundimiento del producto en los años
2009 (-3,7%), 2010 (-0,1%) y, previsiblemente, 2012 y 2013.
Pero, más
allá de ese innegable papel positivo jugado por la demanda externa,
resulta pertinente interrogarse sobre la suposición que sustenta el
horizonte de reactivación económica que ansían las autoridades
económicas españolas y comunitarias. ¿Puede ser la demanda externa la
pieza esencial que permita recuperar el crecimiento?
Ya que el inevitable proceso de desendeudamiento de hogares y
empresas se va a prolongar durante años, que el recorte del gasto
público es una columna básica de la estrategia conservadora de salida de
la crisis y que las altas tasas de paro suponen una presión sobre los
salarios que se ha visto reforzada por las sucesivas reformas del
mercado laboral, ¿pueden crecer las ventas exteriores hasta el punto de
compensar el retroceso de la demanda doméstica?
Los datos muestran que, hasta ahora, no ha sido así. (...)
Pero eso ya es pasado. Reformulemos la pregunta pensando en lo que está
por venir. ¿Podrá la reiterada e intensa presión adicional sobre los
costes laborales que lleva a cabo el Gobierno de Rajoy conseguir un
aumento de las exportaciones netas capaz de lograr que el producto
crezca?
La respuesta a la pregunta que nos ocupa debería ser negativa si las
tasas de interés a largo plazo continuaran en los altos niveles actuales
y obligaran a agentes económicos públicos y privados a cargar con unos
costes financieros insoportables. T
al situación supondría que la ya de
por sí difícil tarea de compensar la caída de la demanda doméstica con
un aumento muy superior de las ventas exteriores no tendría ninguna
posibilidad de ser culminada con éxito.
Sin un cambio de rumbo en la
actuación de las instituciones de la UE, en primer lugar del BCE,
orientado a impedir de forma permanente que inversores y especuladores
determinen primas de riesgo tan dispares entre los miembros de la
eurozona y a reducir la actual dependencia de los mercados financieros a
la hora de proveer la imprescindible financiación externa, habría muy
escasas posibilidades de que el aumento de las exportaciones netas se
convirtiera en la puerta de salida de la crisis para la economía
española.
Sin la intervención del BCE y sin la ayuda de los socios
comunitarios para reducir de forma sustancial y permanente los costes
financieros que soportan los países periféricos no hay motores que
valgan. El decrecimiento del producto se prolongaría." (Econonuestra, Gabriel Flores, 25/09/2012)
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