26.9.12

¿Pueden las exportaciones sacarnos de la crisis? No...

"Dado el inevitable retroceso de la demanda doméstica que provocan las políticas de austeridad, las autoridades comunitarias se reafirman en la idea de que el sector exterior es el único motor del que dispone la economía española para impulsar la reactivación y salir de la crisis. 

A falta de cualquier otro razonamiento o propuesta, el Gobierno de Rajoy ha hecho suyas esa idea y las medidas de recorte que de ella se derivan.

Aclaremos mínimamente el asunto. Se trata del actual sector exportador tal y como está, sin cambios significativos en las actuales especializaciones y sin que se hayan producido inversiones significativas encaminadas a impulsar la innovación, modernizar la oferta productiva o reforzar el progreso técnico (o la productividad global de los factores).

 En la situación actual ni las empresas tienen el menor incentivo para invertir, debido al retroceso generalizado de la demanda, ni el Gobierno hace el más mínimo intento de mantener el esfuerzo en educación, promover la cualificación de la población activa o reforzar su actividad inversora, obsesionado como está en sumar recortes a los recortes para cumplir con su compromiso de reducir el déficit público y conseguir dejarlo en el 3% del PIB en 2014. 

Las políticas de austeridad en vigor imposibilitan cualquier proyecto inversor y así, lejos de impulsar un cambio modernizador, el tejido económico y empresarial y el crecimiento potencial se degradan. 

Los datos reflejan que la mejora de las exportaciones netas (o, lo que es lo mismo, la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes y servicios) favoreció el pequeño crecimiento real del PIB de 2011 (un 0,7%) y logró frenar el hundimiento del producto en los años 2009 (-3,7%), 2010 (-0,1%) y, previsiblemente, 2012 y 2013.

 Pero, más allá de ese innegable papel positivo jugado por la demanda externa, resulta pertinente interrogarse sobre la suposición que sustenta el horizonte de reactivación económica que ansían las autoridades económicas españolas y comunitarias. ¿Puede ser la demanda externa la pieza esencial que permita  recuperar el crecimiento?

Ya que el inevitable proceso de desendeudamiento de hogares y empresas se va a prolongar durante años, que el recorte del gasto público es una columna básica de la estrategia conservadora de salida de la crisis y que las altas tasas de paro suponen una presión sobre los salarios que se ha visto reforzada por las sucesivas reformas del mercado laboral, ¿pueden crecer las ventas exteriores hasta el punto de compensar el retroceso de la demanda doméstica?

Los datos muestran que, hasta ahora, no ha sido así. (...)

Dado el inevitable retroceso de la demanda doméstica que provocan las políticas de austeridad, las autoridades comunitarias se reafirman en la idea de que el sector exterior es el único motor del que dispone la economía española para impulsar la reactivación y salir de la crisis. A falta de cualquier otro razonamiento o propuesta, el Gobierno de Rajoy ha hecho suyas esa idea y las medidas de recorte que de ella se derivan.

Aclaremos mínimamente el asunto. Se trata del actual sector exportador tal y como está, sin cambios significativos en las actuales especializaciones y sin que se hayan producido inversiones significativas encaminadas a impulsar la innovación, modernizar la oferta productiva o reforzar el progreso técnico (o la productividad global de los factores).

 En la situación actual ni las empresas tienen el menor incentivo para invertir, debido al retroceso generalizado de la demanda, ni el Gobierno hace el más mínimo intento de mantener el esfuerzo en educación, promover la cualificación de la población activa o reforzar su actividad inversora, obsesionado como está en sumar recortes a los recortes para cumplir con su compromiso de reducir el déficit público y conseguir dejarlo en el 3% del PIB en 2014. 

Las políticas de austeridad en vigor imposibilitan cualquier proyecto inversor y así, lejos de impulsar un cambio modernizador, el tejido económico y empresarial y el crecimiento potencial se degradan. 

Los datos reflejan que la mejora de las exportaciones netas (o, lo que es lo mismo, la diferencia entre exportaciones e importaciones de bienes y servicios) favoreció el pequeño crecimiento real del PIB de 2011 (un 0,7%) y logró frenar el hundimiento del producto en los años 2009 (-3,7%), 2010 (-0,1%) y, previsiblemente, 2012 y 2013. 

Pero, más allá de ese innegable papel positivo jugado por la demanda externa, resulta pertinente interrogarse sobre la suposición que sustenta el horizonte de reactivación económica que ansían las autoridades económicas españolas y comunitarias. ¿Puede ser la demanda externa la pieza esencial que permita  recuperar el crecimiento?

Ya que el inevitable proceso de desendeudamiento de hogares y empresas se va a prolongar durante años, que el recorte del gasto público es una columna básica de la estrategia conservadora de salida de la crisis y que las altas tasas de paro suponen una presión sobre los salarios que se ha visto reforzada por las sucesivas reformas del mercado laboral, ¿pueden crecer las ventas exteriores hasta el punto de compensar el retroceso de la demanda doméstica?

Los datos muestran que, hasta ahora, no ha sido así. (...)

 Pero eso ya es pasado. Reformulemos la pregunta pensando en lo que está por venir. ¿Podrá la reiterada e intensa presión adicional sobre los costes laborales que lleva a cabo el Gobierno de Rajoy conseguir un aumento de las exportaciones netas capaz de lograr que el producto crezca?

La respuesta a la pregunta que nos ocupa debería ser negativa si las tasas de interés a largo plazo continuaran en los altos niveles actuales y obligaran a agentes económicos públicos y privados a cargar con unos costes financieros insoportables. T

al situación supondría que la ya de por sí difícil tarea de compensar la caída de la demanda doméstica con un aumento muy superior de las ventas exteriores no tendría ninguna posibilidad de ser culminada con éxito.

 Sin un cambio de rumbo en la actuación de las instituciones de la UE, en primer lugar del BCE, orientado a impedir de forma permanente que inversores y especuladores determinen primas de riesgo tan dispares entre los miembros de la eurozona y a reducir la actual dependencia de los mercados financieros a la hora de proveer la imprescindible financiación externa, habría muy escasas posibilidades de que el aumento de las exportaciones netas se convirtiera en la puerta de salida de la crisis para la economía española.

Sin la intervención del BCE y sin la ayuda de los socios comunitarios para reducir de forma sustancial y permanente los costes financieros que soportan los países periféricos no hay motores que valgan. El decrecimiento del producto se prolongaría."              (Econonuestra, Gabriel Flores, 25/09/2012)

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