"¿Cómo juzga la respuesta europea a la crisis?
Mis palabras contra las políticas de austeridad se dirigen a los
países que todavía pueden elegir. Ni España ni Grecia podían zafarse de
las exigencias alemanas y correr así el riesgo de que les dejasen sin
recursos. Pero, desde mi punto de vista, Francia no está en una
situación presupuestaria crítica y no tiene tanta necesidad de una
política de austeridad.
Sin embargo, hay que conservar la confianza de los mercados... ¿Cómo se consigue?
La respuesta es monetaria. Pasa por el Banco Central Europeo. Veo por
una parte compras masivas de obligaciones españolas e italianas para
contener el ascenso de los tipos de interés; por otra, señales de una
política más flexible del BCE, la promesa de no subir los tipos al menor
indicio de inflación y el establecimiento de objetivos realistas, una
inflación de un 2% o un 3% a plazo medio en vez de un 0 o un 1%, como
ahora.
¿Y Grecia?
No veo cómo podría quedarse este país en el euro. Es prácticamente
imposible. Pero su salida provocaría una retirada masiva de depósitos de
los bancos españoles e italianos, a lo cual el BCE tendría que
responder absolutamente con un aporte ilimitado de liquidez. Si no, en
dos semanas el Bundesbank tiraría la toalla y sería el final del euro.
¿Cuáles serían las consecuencias de la desaparición de la moneda única?
Imagínese deudas denominadas en una moneda que ya no existe... Pienso
que la zona caería en una recesión severa durante un año antes de que
los países encontrasen el medio de proseguir sus transacciones y, como
en el caso de España e Italia, recobrasen un poco de competitividad.
Desde el punto de vista político, sería grave: con el fracaso del mayor
proyecto de la historia y el descrédito en que habrían caído los
dirigentes implicados en el mantenimiento del antiguo sistema sonaría la
hora de las insurrecciones populistas y nacionalistas.
¿Qué soluciones preconiza para los países del sur?
Lo clásico sería una devaluación interna. En principio, la
disminución de los salarios permitiría recuperar la competitividad. Pero
ningún país, ni siquiera Irlanda y Letonia, han logrado una disminución
real de los salarios del sector privado. Además, la deflación aumenta
el peso de la deuda privada en euros.
Añadamos a esto el riesgo de la
huida de capitales y la inestabilidad de los gobiernos encargados de
esas medidas, y se llega a un callejón sin salida. Los salarios
españoles son hoy un 30% demasiado altos si se los compara con los
alemanes.
En vez de bajarlos por la fuerza -lo que es imposible
políticamente-, ¿por qué no dejamos que los salarios aumenten más allá
del Rin para que mejore la competitividad de España? Esto supondría un
relajamiento de la política monetaria y, claro está, más inflación en
Alemania.
¿Qué porvenir le ve a la zona euro?
Si el BCE toma medidas acertadas,
se podría imaginar una mejora de aquí en tres o cinco años. Pero Europa
siempre será frágil. Su moneda es una construcción que cojea y seguirá
siéndolo mientras no se cree una garantía bancaria europea. Mientras
tanto, el sistema podría sobrevivir más cómodamente si se admitiese,
como lubricante, una dosis de inflación más fuerte.
Pero no lo
olvidemos: Europa, en lo fundamental, no está en declive. Es un
continente productivo e innovador. Solo se ha equivocado en su
gobernanza y en las instituciones con las que controla la economía. Se
puede arreglar por completo." (Presseurop, 6 septiembre 2012,L'Express
París, Entrevista a Paul Krugman)
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