"Sabemos lo que nos está pasando; estamos en un estado de emergencia
absoluta y parece que da lo mismo que gobiernen unos u otros, como lo
pone de manifiesto lo ocurrido desde 2008 hasta hoy.
Y no parece que las
opciones que se dibujan en el horizonte, desde la extrema izquierda a
la extrema derecha, vayan a dar respuesta positiva a los problemas que
acarrea nuestro país. (...)
La crisis está yendo directamente al corazón de la clase media cuyas
expectativas en estos momentos quedan vedadas para el ascenso y apuntan
directamente al descenso. El miedo se ha apoderado de ella que, como el
del chiste, a lo más que aspira es a quedarse como estaba.
Es tal el
pánico, que aceptan sin rechistar todas y cada una de las agresiones que
el gobierno anterior y el actual perpetraron y perpetran contra ella.
Se acepta la subida brutal del IVA o los recortes sanitarios y
educativos sin apenas parpadear; a lo más, una tibia protesta por el
aumento de las tasas universitarias o por el copago farmacéutico; se
congelaron las pensiones y se reza para que no se bajen más de lo que ya
se ha hecho. No parece que quepa la menor duda de que es la clase media
la receptora de semejante agresión. ¿Por qué? (...)
Según estadísticas de la UE, de aquí al año 2015, el 5% de la población
activa de nuestro país se dedicará a la producción de alimentos, el 15% a
fabricar productos industriales y el 80% restante, más de las tres
cuartas partes de la población activa, lo hará a producción de
servicios, sean estos para atender a empresas o para personas, y dentro
de esos servicios, los relacionados con las nuevas tecnologías que, cada
día, adquieren mayor presencia y relevancia. (...)
¿Y cuáles son esos servicios en los que se va a emplear a la mayor parte
de la población activa? Además de aquellos relacionados con servicios a
las empresas y a las nuevas tecnologías, no cabe la menor duda que la
sanidad, la educación y la discapacidad en cualquiera de sus variantes
van a adquirir una importancia extraordinaria en la sociedad.
Para la
ideología socialdemócrata esos servicios no son mercancías que se puedan
comprar y vender en función de las posibilidades económicas de cada
ciudadano, sino derechos que deben ser garantizados por el Estado.
La
operación ideológica puesta en marcha a raíz de la crisis económica
tiene como objetivo trasladar a la mente del ciudadano que esos derechos
han dejado de serlo y que a partir de esta situación de dificultad y de
recortes, habrá que pagar por el uso de los mismos. (...)
¿Y a quién habrá que pagar? Al Estado si este se responsabiliza de la
prestación de esos servicios o a la iniciativa privada si consigue
demostrar que su gestión a la hora de prestar esos servicios resulta más
eficiente y más barata.
Volveremos al Estado de beneficencia, donde una
parte de la población no tendrá más remedio que ser asistida
benéficamente en educación y en sanidad y a una sanidad privada, a una
educación de pago y a unos discapacitados comprando los servicios que
necesiten si ellos o sus familias están en condiciones de pagarlos.
La crisis, en su etapa actual, ya no es otra cosa que una gran
operación ideológica tendente a devolver al mercado lo que el mercado
considera que es suyo.
Para salir de esta crisis, la clase media no
tiene más que dos caminos: o aceptar lo antes posible, y con todas sus
penosas consecuencias, que el ultraliberalismo ha triunfado, o rebelarse
contra este estado de cosas y pelear para que no se salgan con la suya
quienes pretenden hacerle tragar que las cosas son así y que esta
medicina, en forma de crisis, producirá sus efectos cuando se vaya
tomando gota a gota, viernes a viernes." (
Juan Carlos Rodríguez Ibarra
, El País, 29 SEP 2012)
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