"La crisis se ha cebado con la ciencia, y los recortes en
ciencia se han cebado, especialmente, con los programas dedicados a
investigadores jóvenes.
El mayor centro público de investigación en
España, el CSIC, ya ha anunciado que no podrá convocar sus becas JAE
este año, y la continuidad del programa Ramón y Cajal, destinado a
repatriar cerebros emigrados, está en el aire.
Ante esta situación, a
los jóvenes investigadores les quedan pocas opciones que no signifiquen
emigrar o dejar la ciencia. Tres de ellos explican aMateria cómo
afrontan una de las mayores crisis que ha vivido la ciencia española.
El bioquímico abulense David López, de 37 años, se fue de España con
una beca Erasmus en 1999 para realizar el último curso de carrera en
Heildelberg (Alemania). Allí le fue tan bien que pasó 11 años
investigando en centros como el Instituto de Farmacia y Biotecnología
Molecular de la Universidad de Heidelberg, donde realizó su doctorado
sobre la trazabilidad de la carne de vacuno (eran los años de las vacas
locas).
Después cambió al centro Max Planck de Antropología
Evolutivapara responder preguntas más clásicas, "¿quiénes somos, de
dónde venimos y adonde vamos? desde el punto de vista de la genética de
poblaciones", relata el investigador. En 2010 López se decidió a volver a
España y aterrizó en el GENyO, siglas del Centro Pfizer-Universidad de
Granada-Junta de Andalucía de Genómica e Investigación Oncológica.
"Fue inaugurado oficialmente en noviembre de 2010, y cuando toda la
corte mayor de la Junta de Andalucía, incluido el presidente [José
Antonio] Griñán, se personó en el salón de actos, no dejaron asientos
libres para los científicos ni otros trabajadores del propio centro y
curiosamente sí se reservaron para periodistas", recuerda con sorna.
A
pesar de sus 11 años de experiencia todo lo que pudieron ofrecerle fue
un contrato por obra y servicio con una duración máxima de dos años para
que investigase el origen de enfermedades del sistema inmune como la
artritis reumatoide o el lupus.
En 2012 la Helmholtz
Society de Leipzig le ofreció un puesto fijo de coordinador científico
para trazar nuevos programas de investigación. López aceptó en junio y
allí trabaja desde entonces.
"¿Qué fue lo que me empujó a salir de
España de nuevo? Nuestro rancio sistema jerárquico, su endogamia, el
bajo nivel de la ciencia, que hay muchos ineptos e ineptas con altas
responsabilidades, cuando no vendidos a sus intereses políticos y
personales, y la falta absoluta de perspectivas de futuro si hubiese
apostado por continuar en España", enumera el investigador.
López, que
ahora planea un gran proyecto europeo para detectar contaminantes en
reservas de agua, considera que la ciencia es un sector en el que la
movilidad es esencial.
Hay que estar dispuesto a marcharse a otro país,
dice, y asegura que él no se fue por dinero. "Prefiero ganar menos y
trabajar en España, que es un país precioso, pero ya no creo que vuelva
si no es jubilado o en un ataúd".
La astrónoma Mercedes López-Morales era una afortunada
dentro del sistema de I+D español. En 2011 consiguió un contrato Ramón y
Cajal, una plaza muy competitiva que le daría un contrato durante cinco
años y una plaza fija como investigadora después.
La astrónoma cumplía
los requisitos de excelencia e internacionalización que son esenciales
para ganarse un puesto de cajal: había estudiado más de seis años en el
extranjero con estancias posdoctorales en centros como la Institución
Carnegie para la Ciencia, en Washington.
"Volví a
España en octubre de 2010 y estaba como una moto por hacer cosas. Me
pegué una gran torta contra la pared porque aquello era la cultura del
'no", recuerda López-Morales. Hasta que logró el contrato como cajal,
estuvo trabajando en el Instituto de Ciencias del Espacio, en Cataluña,
con lo que aún le pagaban en la Carnegie y con una beca posdoctoral JAE
del CSIC.
"En Barcelona cobraba como investigadora menos que los
becarios posdoctorales que tenía a mi cargo en EEUU", recuerda
López-Morales, que añade: "nadie trabaja en ciencia por el dinero pero
hay que llegar a fin de mes y yo a penas lo hacía", recuerda.
Esta astrónoma es experta en exoplanetas y su objetivo entonces era
poner en marcha nuevos proyectos para confirmar la existencia de
planetas como la Tierra fuera del sistema solar y estudiar sus
atmósferas, un campo en auge desde la última década en el que aún se
está rifando un premio Nobel. López-Morales quería poner en marcha su
propio grupo de investigación, es decir, convertirse en investigadora
principal, o PI, en sus siglas inglesas.
"Al llegar quería encontrar
gente y presupuesto, usar el Gran Telescopio de Canarias para pedir un
proyecto de investigación, pero me dijeron que con el tipo de contrato
que tenía no podía ser investigadora principal". Ni siquiera al lograr
el contrato como cajal pudo montar su grupo, ya que la dotación de este
programa no lo permitía.
En diciembre de 2011,
durante un congreso, la Universidad de Harvard le hizo una oferta para
que se fuera a trabajar a EEUU. "Tengo 39 años y a esta edad comienza el
pico de tu carrera, que como mucho durará 10 o 20 años.
Veía que la
Ramón y Cajal en realidad no te garantiza nada y además no veía una
solución a los problemas en España a corto plazo", recuerda
López-Morales. En abril de este año aceptó la oferta y renunció a su
puesto como cajal.
La investigadora cree que la falta
de oportunidades para que los investigadores jóvenes puedan desarrollar
sus ideas y liderar proyectos es el mayor cáncer del sistema español de
I+D.
"En EEUU te ven como una persona que han entrenado y el país
intenta retener a los científicos en los que ha invertido. En España
estás de prestado", lamenta. El problema, opina, no es de formación, ya
que los españoles salen al mercado muy bien preparados.
"La mitad de los jóvenes que hay en Harvard no son mejores que los que
hay en la Universidad Complutense, por ejemplo, el problema es que estos
últimos tienen muchas más trabas", opina López-Morales. "Mi mensaje
para los investigadores es que se queden fuera de España", sentencia.
Ahora la astrónoma va a trabajar como coordinadora dentro del proyecto
HARPS-North, un telescopio para cazar y confirmar exoplanetas en el que
colaboran Suiza, Italia, Reino Unido y EEUU.
El instrumento estará
instalado en el Telescopio Nacional Galileo, construido por Italia en la
isla de La Palma (Canarias). También prepara experimentos para estudiar
la atmósfera de exoplanetas que podrían albergar vida dentro de un
proyecto radicado en EEUU.
Este mes, la Agencia
Europea del Espacio (ESA) elegirá una nueva misión de investigación que
se lanzará en 2017. Entre las 10 finalistas está Planet Vision, una
especie de telescopio espacial para cazar planetas extrasolares liderado
por España y Bélgica.
Uno de sus responsables es el astrofísico Andrés
Moya, que trabaja en el Centro de Astrobiología, en Madrid. Su misión
compite con CHEOPS, que parte como gran favorita y que también está
dedicada a la deteccción de exoplanetas. Entre sus creadores está Didier
Queloz, que codescubrió el primer exoplaneta en 1995.
Moya es el director científico de la misión, que ha logrado una
financiación total de 115 millones de euros, 50 de ellos de la ESA. Es
licenciado en Física Teórica por la Universidad de Granada y doctorado
por el Instituto de Astrofísica de Andalucía asociado al proyectoCoRoT.
Después de pasar dos años investigando en el Observatorio de París
regresó a España con un contrato Juan de la Cierva, un programa similar
al Ramón y Cajal pero dedicado a aportar un contrato de tres años a
doctores jóvenes.
Aquellos tres años pasaron, y ahora
Moya tiene un contrato asociado a un proyecto de la Comunidad de Madrid
que se acaba en octubre de 2013. El astrofísico ha pasado meses
organizando la plataforma Investigación Digna, surgida de entre
investigadores que ya pasaron la treintena hace tiempo y que reclamaban
al Gobierno que parase los recortes en I+D.
"Ahora ya me he cansado y
estoy pensando en dejar la investigación, tal vez para irme a la empresa
privada. Me voy a quedar en España y sé que soy tonto por hacerlo",
confiesa." (eldiario.es, 18/10/2012)
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