"Hay un grupo de economistas, especialmente los no ligados al
“establishment”, los que no trabajan para bancos, ni para empresas, ni
para gestoras de fondos, básicamente algunos de los que enseñan en la
universidad o los que trabajan por su cuenta, que defienden desde hace
tiempo que España no podrá hacer frente a sus deudas.
Especialmente a la
privada, que está conformada fundamentalmente por deuda bancaria. Desde
hace poco, también dicen que el Estado no podrá hacer frente a sus
compromisos por culpa de la ingente carga de intereses que pesan sobre
la deuda pública. En otras palabras: España estaría abocada a hacer un “default”.
Y sería una buena noticia.
En las últimas horas, desde que los países del club europeo de la
“AAA” (Alemania, Holanda y Finlandia) se negaran a cumplir con el
calendario previsto para la creación de la unión bancaria y, por tanto,
para la recapitalización directa del sector financiero español, la
probabilidad de un impago de España ha aumentado drásticamente.
¿Cómo
podrá el Estado asumir la ingente deuda del sector financiero? Porque
ha sido esto y no las manifestaciones ante el Congreso de los
Diputados, ni el rescate andaluz, ni las elecciones en Cataluña, lo que
ha disparado la prima de riesgo y ha provocado fuertes descensos en el Ibex y en otros índices europeos. El
problema de España es la deuda bancaria.
Para asumirla es para lo que
se mete otra vez la tijera hoy en los presupuestos. Y también para pagar
los intereses de la deuda pública. Porque el segundo problema, no hay
que obviarlo, son esos rendimientos, artificialmente engordados por la
rapiña de los acreedores. A río revuelto, ganancia de pescadores.
El Gobierno debe convencerse de que parte de la deuda que hoy pesa sobre nuestros hombros es ilegítima:
una parte de ella responde a la usura de los prestamistas; otra, a la
irresponsabilidad de la gestión de agentes privados (y también de
responsables políticos, o de empresarios metidos a gestores de lo
público en pos de sus propios intereses: hablamos de las cajas de
ahorros).
No estaría mal realizar una auditoría de la deuda, como alguna
vez se ha pedido en Grecia.
El Ejecutivo, una vez realizada esa auditoría, debería comenzar a
negociar con los acreedores. Éstos, no hay duda, tendrían que sentarse a
negociar. Y aceptarían las condiciones una vez negociadas. No habría
otro remedio.
Pero no es una tarea fácil. Harían falta más condiciones además de un
Gobierno concienciado por liberar a su pueblo de la esclavitud de la
deuda. El propio pueblo también debería estar concienciado y respaldar a
su Gobierno en esta decisión. Y debe ser fuerte. Porque lloverán
piedras.
El gran freno a esta opción es pertenecer a la Unión Europea,
lo que implica no contar con soberanía monetaria que supla la
financiación externa con financiación propia, como ocurre en países como
EE.UU., sin ir más lejos.
Ser miembro de la Unión Europea implica,
además, tener unos socios que velan más porque cobren sus acreedores
privados que porque la Unión siga siendo (precariamente) democrática. Y nos estamos refiriendo, concretamente, a Alemania. Y se piensan que con recortes se aseguran cobrar.
Lo que sí nos aseguramos con estos recortes, sobre todo con el modo
en que se están haciendo, es un brutal y, quizás, irreversible deterioro
democrático. La deuda es la mayor esclavitud, porque los acreedores,
ante un deudor acobardado, se convierten en dueños y señores.
Por eso,
estos economistas, en un foro en el que compartieron mesa, coincidieron
en que “quitarse la deuda del medio es la única vía para que el pueblo vuelva a empoderarse”. (Attac Madrid, 01/10/2012, Cristina Vallejo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario