"Así nos tienen. Así estamos en los países del sur de Europa, empujados a
la melancolía, expulsados de un mundo que creíamos nuestro y que
desaparece bajo nuestros pies, mientras intentan que creamos que somos
nosotros los que hemos provocado ese dolor y esa tristeza por nuestra
falta de sentido.
Empeñados en que caigamos en el miedo a la ruina y el
empobrecimiento sin esperanza, puesto que, intentan que aceptemos, ese
es nuestro propio destino. (...)
Pues no. Nadie se está volviendo loco. Es la realidad la que supera lo imaginable y es la realidad lo que hay que censurar.
Los griegos enfermos de cáncer que no pueden recibir tratamiento
porque han perdido el trabajo y agonizan fuera del sistema sanitario
están ahí. Los hospitales griegos a los que ya no llega una potente
droga anticancerosa porque la empresa alemana que la fabrica, harta por
no cobrar las facturas, ha decidido interrumpir el suministro y
aconsejar a los enfermos que “acudan a las farmacias a comprarlas con su
dinero”, están ahí.
Y esta ahí la obligación del Gobierno griego de
pagar, por encima de todo y antes que todo, la deuda que contrajo con
los bancos internacionales.
Está ahí la amenaza de una recesión prolongada a lo largo de los
próximos años. La Comisión Europea no tiene intención de engañarnos. Nos
anuncia que viene otro largo año de pésimos augurios, en el que
padeceremos nuevos recortes y ajustes. En el que más griegos padecerán
lo inimaginable.
Hagamos el duelo por ese mundo del que nos proscriben, pero sería
bueno que nos sacudamos la melancolía cuanto antes. La realidad es
Grecia, o los suicidios de quienes no soportan la humillación del
desahucio, esa es la realidad como lo eran las calles por las que se
prohibió pasear a Víctor Klemperer.
Está pasando lo que estamos viendo. Y
no es inconcebible. Es intolerable. Eso es lo que tenemos que
comprender cuanto antes. Que algunas de las cosas que suceden ante
nuestros asombrados ojos son ultrajantes." (
Soledad Gallego-Díaz , El País, 11 NOV 2012)
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