"Quizás no sepan que el pasado sábado 20 de octubre Islandia refrendó
unos principios constitucionales redactados por la ciudadanía. Pero
seguro que desde el domingo vienen oyendo que Galicia, tras las
elecciones autonómicas, es todo un ejemplo del respaldo al PP (o de la
impotencia de sus adversarios) en el resto de España.
Los medios
ignoraron a Islandia o cuestionaron el proceso constituyente más
innovador en lo que va de s.XXI. Mientras, difundieron la falsa versión
gubernamental sobre Galicia.
El triunfo de la ciudadanía vikinga fue, en
todo caso, presentada como derrota. Y con cánticos a la victoria
pírrica del PP se acalla la democracia que viene y que se exige en la
calle.
Los medios no contextualizaron la escasa participación de los
islandeses (48.9%) y no recogieron el enorme respaldo que dieron a
varios principios constitucionales. La sociedad española lleva
reclamándolos desde el 15M.
Servirían de magnífica inspiración al
referéndum que los sindicatos exigieron el 15S y que reiterarán en la
huelga general que se convoca para el 14N, también en Portugal y Grecia.
Si ese referéndum se centra en parar los recortes, el próximo bien
podría ser sobre el proceso constituyente que otros muchos reclaman
desde el 25S.
Veamos los resultados en ISLANDIA que nos han sido escamoteados. Para
empezar se plantearon seis preguntas para que el texto elaborado por la
ciudadanía – primer caso de crowdsourcing constitucional – fuese el
borrador de la nueva constitución. El 66% de los votantes afimaron que
el Parlamento debiera debatir dicho texto para redactar otra
constitución antes de las próximas elecciones (abril de 2013).
El 83% de
los votantes exigieron que los recursos naturales sin propietario
fuesen declarados propiedad nacional. El 78%, que pudiesen presentarse
candidatos individuales, sin partido, al Parlamento y siempre con listas
abiertas. El 66% de los votos respaldaron otra reforma electoral: que
todos los votos tuviesen igual peso en todas las regiones del país.
El
73% apoyó incluir la iniciativa legislativa popular y realizar
referéndums nacionales a petición del 10% la ciudadanía. El único
rechazo (57%) fue a que no se mencionase a la “iglesia Nacional
Islandesa” en la nueva constitución.
Imagínenselo. Un referéndum mediante el cual los españoles exigen al
Congreso y al Senado que, antes de volver a presentarse a las
elecciones, redacten una constitución que nacionalice los recursos
naturales aún no privatizados, que acabe con las listas cerradas y la
disciplina de partido, que implante una ley electoral proporcional y
legisle por iniciativa popular, combinando la democracia representativa y
la directa, para casos de excepcional importancia nacional.
Como quizás
también ocurriría aquí, además de apoyar todas esas medidas, la mayoría
de la población pediría que la Iglesia católica permaneciese nombrada
en la constitución. En suma, demasiados paralelismos como para no
devaluar a los islandeses dicendo que apenas acudió a votar el 48.9% del
censo. La abstención desacreditaba la primera constitución ciudadana
del siglo XXI.
No es esta la impresión de la Primera Ministra,
que dio acuse de “haber recibido de la nación un mensaje claro para
completar el proceso”. La tasa de participación se explica por la
campaña en contra que lanzaron los dos partidos hegemómicos hasta la
crisis de 2008 (como si aquí PP y PSOE se hubieran opuesto a la
consulta).
Y no es baja: resulta muy superior al 20%-30% de
participación que suelen recabar los refereréndums en países como Suiza.
De hecho, los partidarios del proceso están exultantes. Han doblado sus
expectativas. La participación fue enorme porque, además de lo dicho,
se consultaba no una, sino seis cuestiones muy abstractas y
controvertidas.
Islandia marca el horizonte de una democracia de código abierto.
Nuevas reglas de juego escritas y refrendadas por los ciudadanos
comunes. En defensa de los bienes comunes, salvaguardados de la rapiña
financiera y/o del monopolio de los políticos profesionales.
En España, el horizonte que se nos presenta es otro: Feijoó,
presentado como ganador absoluto, es ejemplo de y para el resto de
España. Solo resultaba creíble ocultando que los votos nulos (37.472)
superaron a los contabilizados en las elecciones de 2001, 2005 y 2009
juntas (en total, 33.624).
Este silencio se suma al que pesa sobre los
verdaderos ganadores (AGE, de la nada a 9 diputados, desbancando al BNG)
con el fin de minusvalorar el voto de protesta al sistema de partidos
actuales. Aunque la abstención aumentó un 6,6% entre los residentes en España, el
Gobierno la rebajó presentando una tasa de participación manipulada,
sin considerar el censo de votos en el extranjero (unos 400.000 en
Galicia).
Los resultados tras la abtención “real”, arrojan que,
el PP gobernará con mayoría absolutísima, tras haber caído sus votantes
en más del 15% y representando apenas al 25% de los gallegos. El total
de las fuerzas parlamentarias en Galicia ni siquiera reúnen el voto de la mitad de los gallegos (48%), menos aún que quienes votaron a favor en el referéndum islandés." (Attac España, 02/11/2012)
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