23.11.12

La salida del euro: las consecuencias económicas, productivas, financieras y comerciales

" Cada vez son más los economistas críticos que valoran la salida de nuestro país del euro como lo más conveniente, y en la mayoría de los casos, inevitable. (...)

Salir del euro significará, probablemente, que nuestro país cuente con una moneda propia cuya emisión y control dependerá del Banco de España que recuperará así su papel histórico. Este hecho, devolver al Banco de España sus funciones de emisor de una moneda y prestamista de última instancia para el conjunto de la economía es de los más relevantes y decisivos que ocurrirán. 

La pérdida de la soberanía monetaria supuso la pérdida de un resorte fundamental para controlar la evolución económica del país atendiendo a las necesidades económicas y sociales. 

El Banco Central europeo, con una autonomía injustificada, ha llevado a cabo una política dirigida a controlar la inflación de la zona euro, y cuando se ha olvidado de esta tarea lo ha hecho en función de las necesidades de los países predominantes en la zona euro, léase Alemania y Francia. (...)

La existencia del Banco de España, asemejado a la tan deseada Reserva Federal de Estados Unidos como fuente de liquidez, pondrá en manos de los gobiernos la posibilidad de manejar la política monetaria en sus vertientes esenciales, determinando el tipo de cambio oficial, la cantidad de dinero y/o los tipos de interés.

 El hundimiento que sufre la economía se podrá amortiguar con una política monetaria que alimente las cajas vacías de todas las instituciones públicas para estimular la demanda, practicar políticas de amortiguación de los costes sociales de la crisis, impulsar medidas progresistas y de mejora de los servicios públicos y facilitar la recuperación de muchas empresas liquidadas o en trance de hacerlo por las deudas que tienen contraídas las Administraciones Públicas. (...)

No cabe duda que la nueva peseta tendrá que sufrir una devaluación muy importante con respecto a su actual valor, con independencia de la moneda de referencia, el euro o el dólar. 

El desequilibrio exterior es tan agudo, que una economía hundida en los últimos tres años, que ha generado tres millones de parados, todavía registrará un déficit por cuenta corriente en 2011 próximo al 5% del PIB. Sólo con una devaluación contundente se afrontaría el problema. (...)

También otras dimensiones económicas, productivas y comerciales, obviamente se verían afectadas, y merece esbozarlas y ponderarlas. Serian las siguientes:

Productivas: Estamos muy condicionados por los bienes de equipo y otras tecnologías procedentes del exterior. España es, en gran parte, una “maquila” (que explica porque se han acelerado las importaciones tras la entrada del sistema euro), como es el caso de la industria de automoción, muy dependiente de las importaciones de elementos centrales como la monitorización.

 Los costes salariales, tras la devaluación se volverían “super-competitivos”, pero los inputs intermedios industriales, amén de los energéticos se dispararían. Sin duda alguna, sería una buena oportunidad para una reconversión, guiada por una política industrial más avanzada, para impulsar cambios tecno-energéticos favorables a bases materiales y energéticas renovables, o para desarrollar una industria de los servicios centrada en los cuidados de las personas (educación, sanidad, atención a la dependencia, comedores colectivos, escuelas infantiles, turismo sostenible, etc…).

Financieras: Al finalizar 2011 la economía española tenía una posición neta deficitaria exterior de 963.640 millones de euros, resultado de unos pasivos de 2.315.000 millones de euros y unos activos frente al exterior de 1.332.000 millones de euros. 

Sin entrar a desglosar la composición de unos y otros, relevante a los efectos que vamos a comentar, cabe decir que los poseedores de activos frente al exterior ganarían en la medida en que los tienen formalizados en monedas cuyo valor en pesetas sería mayor por la devaluación inicial de la nueva moneda. 

Por el contrario, la masa de deuda externa con sus correspondientes compromisos de devolución se vería incrementada para los residentes internos por la devaluación que sufra la nueva moneda. Por decirlo sencillamente, habrá que devolver euros que valen a mucho más que las 166,386 pesetas a las que se cambió. Un incremento significativo de la deuda externa representa uno de los problemas fundamentales de la salida del euro.

Tras la salida sería necesario convertir la cuenta de las deudas con el exterior a la nueva moneda, o bien declarar un impago en un, pongamos por ejemplo, 50%. En tal caso, compensaríamos el bloqueo posible al acceso a una parte de la financiación internacional, con la liberalización de recursos propios para invertir. Si no se declara el impago, esta situación afectaría tanto a las deudas públicas, como a las privadas, sean estas de “entidades bancarias” o de empresas productivas. 

Verían incrementadas en un nivel equivalente a la devaluación de la nueva moneda respecto del sistema euro todas sus deudas con el exterior. En términos financieros, las deudas interiores no sufrirían más que una conversión con el nuevo tipo de cambio, a la nueva divisa.

Comerciales. Tan solo el rápido crecimiento de la rúbrica de Rentas de Transferencia, por motivos del incremento del turismo, podrían conseguir paliar los déficits de actividad que la devaluación de la nueva divisa provocaría tras la salida del sistema euro. En contrapartida negativa, la devaluación supondría un encarecimiento inmediato de la factura energética para el conjunto de la economía española, que podría paliarse con un cambio de modelo productivo basado en renovables (solar, eólica, maremotriz, biomasa, etc…). "            (Eduardo Gutiérrez, Daniel Albarracín, Iván H. Ayala y Pedro Montes, eldiario.es , Rebelión, 19/11/2012)

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