"La afinidad política entre Merkel y Maquiavelo —el modelo Merkiavelo, como me gusta llamarlo— se basa en cuatro elementos que se complementan mutuamente:
Primero. Alemania es el país más rico y más poderoso
desde el punto de vista económico de toda la Unión Europea. En el marco
de la actual crisis financiera, todos los países deudores dependen de
que los alemanes estén dispuestos a avalar los créditos necesarios.
El
maquiavelismo merkeliano consiste en que Merkel no toma partido en el
enconado conflicto entre los arquitectos de Europa y los ortodoxos
defensores de los Estados nacionales o, más exactamente, en el hecho de
que se mantiene abierta a esas dos opciones contrapuestas.
Más bien,
Merkel vincula —y ahí tenemos el quid más maquiavélico— la
disposición de Alemania a conceder créditos con la disposición de los
países deudores a cumplir las condiciones de la política de estabilidad
alemana. (...)
Segundo. ¿Cómo se puede resolver esta posición paradójica en la praxis política? Para Maquiavelo, se recurriría a la virtù, es decir, a la eficiencia, la energía política y el espíritu emprendedor. Y aquí nos topamos con un segundo quid de la cuestión: el poder de Merkiavelo se basa en el apremio a no hacer nada, a no actuar todavía, a hacerlo más adelante, a la dilación.
La dilación como táctica domesticadora, ese es el método de
Merkiavelo. El instrumento coercitivo no es la irrupción agresiva del
dinero alemán, sino todo lo contrario: la amenazante salida, el
aplazamiento y la denegación de los créditos. Si Alemania no da su
aprobación, la ruina de los países deudores será inevitable. (...)
Tercero. De este modo se consigue algo aparentemente
imposible, es decir, vincular la intención de voto nacional con el
papel de arquitecto europeo. Pero eso implica que todas las medidas para
salvar al euro y a la UE tienen que superar primero el examen de
adecuación a la política interna, comprobar si son convenientes para los
intereses de Alemania y para la posición de poder de Merkel.
Cuanto más
críticos con Europa sean los alemanes, más atenazados se sentirán por
los países generadores de deuda que se han propuesto asaltar el monedero
alemán, y más difícil será mantener el equilibrio entre estos extremos.
Pero Merkiavelo ha respondido a este problema con la jugada de
la “Europa alemana” que funciona en ambas direcciones.
En política
interior, la canciller tranquiliza a los alemanes que temen por su
pensión, su casita y su milagro económico adoptando con rigor
protestante la política del no dosificado y ascendiendo a la
categoría de maestra de Europa. Al mismo tiempo, en política exterior
asume la “responsabilidad europea” contribuyendo a la cohesión de los
países del euro con una política del mal menor. Su tentadora oferta es:
mejor un euro alemán que ningún euro.
En este sentido, Merkel se revela como alumna aventajada de
Maquiavelo en un aspecto más. “¿Qué es mejor, ser temido o amado?”, se
pregunta el pensador en su clásico El príncipe.
“La respuesta
es que se deben ansiar ambas cosas; pero como resulta difícil aunar
ambas, es mucho más seguro ser temido que amado, siempre que solo sea
posible una de las dos opciones”. Merkel aplica este principio de manera
selectiva. Neoliberalismo brutal de cara al exterior, consenso con
tintes socialdemócratas de cara al interior; esa es la fórmula de éxito
de Merkiavelo.
Cuarto. Merkel quiere prescribir a los países socios, o
incluso decretar, lo que en Alemania se considera la fórmula mágica:
¡ahorro! Pero la política de ahorro de la tristemente célebre ama de
casa suaba pronto se revela en la realidad política como recorte
drástico de las pensiones, la educación, la investigación, las
infraestructuras, etcétera, y tenemos que vérnoslas con un
neoliberalismo brutal.
Estos cuatro componentes del Merkiavelismo se refuerzan
recíprocamente y constituyen el núcleo de poder de la Europa alemana.
Finalmente, también encontramos en Merkel un paralelismo con la necessità
de Maquiavelo, es decir, con la situación histórica de crisis ante la
que debe reaccionar el príncipe, y se ve obligada a anteponer aquello
que exige una situación de peligro a lo que prohíben las leyes.
Según Merkiavelo,
para extender de forma vinculante la política de ahorro alemana a toda
Europa, se pueden relajar o incluso infringir las normas democráticas. (...)
De un modo u otro, Alemania ha de decidirse entre la existencia o la no
existencia de Europa. Sencillamente, se ha vuelto demasiado poderosa
como para poder permitirse el lujo de no tomar ninguna decisión." (
Ulrich Beck , El País, 24 ENE 2013)
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