29.1.13

Alemania ha de decidirse entre la existencia o la no existencia de Europa

"La afinidad política entre Merkel y Maquiavelo —el modelo Merkiavelo, como me gusta llamarlo— se basa en cuatro elementos que se complementan mutuamente:

Primero. Alemania es el país más rico y más poderoso desde el punto de vista económico de toda la Unión Europea. En el marco de la actual crisis financiera, todos los países deudores dependen de que los alemanes estén dispuestos a avalar los créditos necesarios.

El maquiavelismo merkeliano consiste en que Merkel no toma partido en el enconado conflicto entre los arquitectos de Europa y los ortodoxos defensores de los Estados nacionales o, más exactamente, en el hecho de que se mantiene abierta a esas dos opciones contrapuestas. 

Más bien, Merkel vincula —y ahí tenemos el quid más maquiavélico— la disposición de Alemania a conceder créditos con la disposición de los países deudores a cumplir las condiciones de la política de estabilidad alemana. (...)

Segundo. ¿Cómo se puede resolver esta posición paradójica en la praxis política? Para Maquiavelo, se recurriría a la virtù, es decir, a la eficiencia, la energía política y el espíritu emprendedor. Y aquí nos topamos con un segundo quid de la cuestión: el poder de Merkiavelo se basa en el apremio a no hacer nada, a no actuar todavía, a hacerlo más adelante, a la dilación.

La dilación como táctica domesticadora, ese es el método de Merkiavelo. El instrumento coercitivo no es la irrupción agresiva del dinero alemán, sino todo lo contrario: la amenazante salida, el aplazamiento y la denegación de los créditos. Si Alemania no da su aprobación, la ruina de los países deudores será inevitable. (...)

Tercero. De este modo se consigue algo aparentemente imposible, es decir, vincular la intención de voto nacional con el papel de arquitecto europeo. Pero eso implica que todas las medidas para salvar al euro y a la UE tienen que superar primero el examen de adecuación a la política interna, comprobar si son convenientes para los intereses de Alemania y para la posición de poder de Merkel.

 Cuanto más críticos con Europa sean los alemanes, más atenazados se sentirán por los países generadores de deuda que se han propuesto asaltar el monedero alemán, y más difícil será mantener el equilibrio entre estos extremos. Pero Merkiavelo ha respondido a este problema con la jugada de la “Europa alemana” que funciona en ambas direcciones. 

En política interior, la canciller tranquiliza a los alemanes que temen por su pensión, su casita y su milagro económico adoptando con rigor protestante la política del no dosificado y ascendiendo a la categoría de maestra de Europa. Al mismo tiempo, en política exterior asume la “responsabilidad europea” contribuyendo a la cohesión de los países del euro con una política del mal menor. Su tentadora oferta es: mejor un euro alemán que ningún euro.

En este sentido, Merkel se revela como alumna aventajada de Maquiavelo en un aspecto más. “¿Qué es mejor, ser temido o amado?”, se pregunta el pensador en su clásico El príncipe. 

 “La respuesta es que se deben ansiar ambas cosas; pero como resulta difícil aunar ambas, es mucho más seguro ser temido que amado, siempre que solo sea posible una de las dos opciones”. Merkel aplica este principio de manera selectiva. Neoliberalismo brutal de cara al exterior, consenso con tintes socialdemócratas de cara al interior; esa es la fórmula de éxito de Merkiavelo. 

Cuarto. Merkel quiere prescribir a los países socios, o incluso decretar, lo que en Alemania se considera la fórmula mágica: ¡ahorro! Pero la política de ahorro de la tristemente célebre ama de casa suaba pronto se revela en la realidad política como recorte drástico de las pensiones, la educación, la investigación, las infraestructuras, etcétera, y tenemos que vérnoslas con un neoliberalismo brutal.

 Estos cuatro componentes del Merkiavelismo se refuerzan recíprocamente y constituyen el núcleo de poder de la Europa alemana. Finalmente, también encontramos en Merkel un paralelismo con la necessità de Maquiavelo, es decir, con la situación histórica de crisis ante la que debe reaccionar el príncipe, y se ve obligada a anteponer aquello que exige una situación de peligro a lo que prohíben las leyes.

Según Merkiavelo, para extender de forma vinculante la política de ahorro alemana a toda Europa, se pueden relajar o incluso infringir las normas democráticas. (...)

De un modo u otro, Alemania ha de decidirse entre la existencia o la no existencia de Europa. Sencillamente, se ha vuelto demasiado poderosa como para poder permitirse el lujo de no tomar ninguna decisión."                ( , El País, 24 ENE 2013)

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