"El combate del fascismo social requiere una nueva política de frentes en
Europa formados por fuerzas democráticas que, unidas en su diversidad,
sean capaces, mediante formas de organización, articulación y acción
flexibles, de una notable unidad de propósitos y de centrar sus luchas
en torno al fascismo social y sus efectos.
La situación no es la misma
que justificó los frentes antifascistas de los años 1930 en Europa, pero
tiene algunas semejanzas perturbadoras. (N. T.)
Los demócratas portugueses, de izquierda y de derecha, tendrán que tener
en cuenta tanto lo que los une como lo que los divide. Lo que los une
es la idea de que la democracia no se sostiene sin las condiciones que
la hacen creíble para la mayoría de la población.
Esta credibilidad se
basa en la representatividad efectiva de quien representa (sistema
político, sistema electoral, democracia interna de los partidos,
financiación de campañas, etc.); en el desempeño de quien gobierna
(rendición de cuentas, castigo de la corrupción y del abuso de poder);
en el mínimo de ética política y de equidad para que el ciudadano no lo
sea únicamente cuando vota, sino también cuando trabaja, cuando está
enfermo, cuando va la escuela, cuando se divierte y cultiva, cuando
envejece.
En la coyuntura que atravesamos, este mínimo denominador común
es más importante que nunca, pero al contrario de lo que puede parecer,
las divergencias que se dan a partir de él también son más importantes
que nunca. Son ellas las que van a dominar la vida política de los
portugueses y europeos en las próximas décadas.
Primero, para la izquierda, la democracia representativa de raíz
liberal es hoy incapaz de garantizar, por sí misma, las condiciones de
su sostenibilidad. El poder económico y financiero está concentrado y
globalizado de tal modo que su musculatura logra secuestrar con
facilidad a los representantes y gobernantes (¿por qué hay dinero para
rescatar bancos y no lo hay para rescatar familias?).
De ahí la
necesidad de complementar la democracia representativa con la democracia
participativa (presupuestos participativos, referendos, consultas
populares y consejos de ciudadanos). En el contexto europeo no habrá
democracia de alta intensidad sin la democratización de las
instituciones y procesos de decisión comunitarios.
Segundo, el
crecimiento sólo se transforma en desarrollo cuando es ecológicamente
sustentable y contribuye a democratizar las relaciones sociales en todos
los ámbitos de la vida colectiva (en la empresa, la calle, la escuela,
la familia, el acceso al derecho, la opción religiosa). Democracia es
todo proceso de transformación de relaciones de poder desigual en
relaciones de autoridad compartida. El socialismo es la democracia sin
fin.
Tercero, sólo un Estado providencia fuerte hace posible una
sociedad providencia fuerte (padres jubilados con pensiones recortadas
dejan de poder ayudar a sus hijos desempleados, así como hijos
desempleados dejan de poder ayudar a sus padres ancianos o enfermos). La
filantropía y la caridad son políticamente reaccionarias cuando, en
lugar de complementar los derechos sociales, los sustituyen.
Y cuarto, la diversidad cultural, sexual, racial, religiosa debe ser celebrada y no sólo tolerada." (Boaventura de Sousa SantosVisão, Rebelión, 16/01/2013)
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