"¿De dónde viene entonces la relativa buena marcha actual de Alemania?
Realmente, la economía alemana contradice las certidumbres más
firmemente establecidas de la ciencia económica: no es una economía de
servicios, sino industrial.
El sector servicios se articula alrededor de
un fuerte núcleo industrial; no es, tampoco, una economía de nuevas
tecnologías, sino de sectores de intensidad tecnológica media; no es una
economía con un mercado liberalizado, antes bien, este se encuentra
densamente regulado; además, se trata de una economía con altos costes
salariales e impuestos relativamente altos, con sindicatos influyentes y
mucha intervención pública.
Alemania tampoco deslocalizó las partes más intensivas de mano de
obra a países de bajo coste, sino que ha mantenido sectores industriales
integrales en su territorio. El fundamento de la fortaleza económica
alemana sigue descansando sobre sectores industriales tradicionales'
como el de la construcción de vehículos y de maquinaria, la química, la
electrotécnica, la tecnología médica, los aparatos ópticos y la
protección del medioambiente; todos ellos articulados alrededor de una
amplia variedad de grandes y medianas empresas fuertemente orientadas al
liderazgo en el mercado global.
Esta fortaleza resiste incluso a las
malas políticas económicas de los gobiernos y ha permitido a las
empresas alemanas reorientar sus estrategias de exportación hacia los
mercados emergentes, con China a la cabeza.
La fortaleza alemana tiene su fundamento último en unas relaciones
laborales cooperativas y en la participación activa de los sindicatos en
la gestión de las empresas. Fueron, de hecho, los sindicatos los que
convencieron a las empresas a renunciar a la flexibilidad externa o
ajuste vía despidos y negociaron una amplia gama de medidas de
flexibilidad interna con cálculos anuales de horas de trabajo, sistemas
variables de jornada laboral y la exitosa solución del Kurzarbeit.
El trabajo corto
facilita a las empresas la puesta en práctica de reducciones temporales
del tiempo de trabajo para capear los temporales sin deshacerse de su
capital humano, mientras las oficinas de empleo subvencionan programas
de formación continua y reciclaje profesional, además del 60% del
salario de las horas no trabajadas.
La negociación colectiva de estas
medidas ha sido responsable de salvar alrededor de tres millones de
puestos de trabajo desde 2008 y ha sido esta mano de obra retenida por
las empresas la que ha permitido la recuperación acelerada de la
economía alemana.
Simplificando, un empresario alemán aprovecha los momentos de
coyuntura económica expansiva para invertir en nuevos equipamientos y
tecnologías, que le permiten mejorar la productividad de su empresa y la
competitividad de sus productos, y pacta con los sindicatos medidas de
reducción de jornada y de formación continua en tiempos de crisis, que
le permiten retener mano de obra cualificada.
Mientras, un empresario
español contrata en épocas boyantes mano de obra barata a través de
contratos temporales, lo que no le permite mejorar ni en productividad
ni en competitividad, y después opta por el despido masivo y se
aprovecha de la crisis para exprimir a los empleados restantes.
Por eso,
la productividad aumenta en Alemania en tiempos de crecimiento y
desciende durante las crisis. Justo lo contrario que en España, donde
los pocos trabajadores que quedan deben trabajar mucho más que antes.
En la década anterior a la crisis, los costes laborales nominales por
unidad producida crecieron en España un 30% (igual que en Grecia y
Portugal). En Alemania el aumento fue de un 1,8%. La tasa de inflación
fue en España constantemente superior a la media europea; en Alemania
fue inferior, lo que implica una ganancia relativa en competitividad.
En
fin, mientras España se emborrachaba de una burbuja con dinero fácil,
Alemania sufría la modernización constante de su base productiva y la
costosa incorporación de la economía del este. El milagro alemán
es, por lo tanto, consecuencia de las fortalezas tradicionales de la
industria y de las relaciones laborales alemanas y no tiene nada que ver
con las supuestas reformas de principios del siglo.
Realmente, el único
acierto de los recientes gobiernos alemanes ha sido la introducción de
un paquete de estímulos económicos al inicio de la crisis y el aumento
de la cobertura del Kurzarbeit.
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