"La gran
respuesta está escondida en el magma del desconcierto. Nadie da crédito a
lo que ocurre. Muchos elucubran, analizan y psicoanalizan el presente y
sus estertores, pero la mayoría desbarran. No por ignorancia, sino
porque lo que ocurre pareciera que ocurriera más allá de la verdad, más
allá de lo posible e imposible.
Sí, hay manifestaciones, protestas
varias, cabreos generalizados, encierros, caceroladas y convocatorias
de todos los colores. Incluso la conciencia social ha despertado del
letargo posmodernista. Cierto.
Todo se sabe, todo está dicho sobre la
desdicha de este presente inmundo: millones de parados, recortes
crueles, sueldos, pensiones y subsidios de saldo; muertes, EREs y
suicidios por desahucios; usureros que van de banqueros beatos,
millonarios filantrópicos que doblan su fortuna, enfermos que se pagan
la ambulancia hacia la muerte y políticos cínicos que instigan a la
austeridad ajena ganando 150.000 euros al año sin que se les mueva el
músculo de la vergüenza.
Y también vendedores de palabras que actúan
como dosis de arsénico. Nunca tan pocos engañaron a tantos y les
cobraron por ello. Todo está dicho, por activa y por pasiva. Sabemos lo
que pasa y por qué nos pasa. (...)
Me gustaría saberlo a ciencia cierta. Pero sé que la verdad ha sido secuestrada hace tiempo. Aunque algo intuyo. Vicente Verdú, en el artículo publicado en El País titulado "La fertilidad del miedo", adelanta algo.
Dice que "las
protestas se disuelven en las aguas amargas de la cólera efímera", como
si esa rabia que nos inunda ante tanto despropósito fuera incapaz de
concretarse en algo brutal y colectivo, en un empuje contorsionado,
como lo fueron otras revoluciones que alteraron el orden del mundo. Es
verdad.
Pero el mismo autor, tal vez sin darse cuenta, creo, aporta la
respuesta, la gran respuesta incapacitante de nuestra cólera efímera.
Dice que en la "Red, en la radio, en Cáritas, en Médicos sin Fronteras o
en la tendencia de la multicaridad se siembra la luminosa acción de
auxiliar al otro". Eso es. Es en el ámbito de nuestra privacidad
caritativa donde encontramos el consuelo ante tanta desazón. (...)
Es en nuestro gozo o desgozo interno y privado
desde donde operamos. En la absoluta soledad despolitizada de nuestra
privacidad desconectada de los otros. Porque desprovistos del nosotros revolucionario
no podemos provocar ni convocar ninguna revolución.
Porque estamos
sometidos a la tiranía de la privacidad de los múltiples actos de
palabra, obra y omisión que ejecutamos cada día.
Sin darnos cuenta,
nuestros actos solo tienen un destino, nuestro propio yo. Porque el nosotros
social ha sido pulverizado, ha dejado de existir, los demás están
ahí, con sus penas, ictus, desajustes, despidos, recortes, subsidios de
miseria, disfunciones, exclusiones, amenazas, soledades, pobrezas,
precariedades y destinos sin presente. Pero no están con nosotros.
Porque ya no forman parte de él. (...)
Si me preguntan, ¿entonces qué tiene que ocurrir para que esto cambie, para que salgamos a la calle y actuemos en serio? Les diré que tiene que pasar tiempo. Para reconstruirnos como nosotros revolucionario. O, que quien nos dirige no controle la tensión del arco de la historia.
Rajoy sabe que ya no hay líneas rojas que le impidan llevar a cabo su
holocausto social. Y lo sabe Merkel y los dirigentes mundiales y quien
manda en el Fondo Monetario Internacional. Lo saben en el Banco Central
Europeo y también los gánsteres de la banca española y mundial, y los
terroristas económicos que alteran los mercados. Lo saben. Por eso
juegan.
Porque hay algo que tienen controlado: el miedo social y
colectivo a la pérdida del presente, el justo y necesario engaño a
través del gobierno de las palabras, que es como decir que es de noche
cuando en realidad han bajado las persianas y el absoluto dominio sobre
los poderes que pudiendo hacer algo, no hacen nada.
La justicia, la
democracia y las instituciones políticas han sucumbido a la mentira, la
traición, la apostasía y la corrupción. (...)
Han dejado de servir para lo que se erigieron. Para atender a los ciudadanos, hoy convertidos en clientes. Si usted Sr. Rajoy controla esto, sabe que tiene vía libre para convertir el Estado en una tripería.
Salvo que;
salvo que un día, una chispa, una voz, una gota de sangre, un fulgor,
una muerte, un grito, una consigna, incluso un poema estimule una
reacción en cadena, como si todos estuviéramos encerrados en ese bosón
de Higgs y provocáramos un colosal choque de partículas.
Entonces,
aupados por el nosotros contagiado de venganza, devolveríamos a la
historia su función. Hacer girar el mundo. Y es que la historia no se
repite, pero fabrica constantes. Y lo que es cierto es que Rajoy juega
en esta vida como si la historia hubiera firmado su defunción
definitiva. Pareciera que está poniendo a prueba la ductilidad de los
españoles.
Pero ignora que la historia es incontrolable y que quizás un
día su elipsis estalle sin aparente causa ni justificación. Quizás
entonces el rumbo gire bruscamente." (¡Aguanta o revienta!, de
Paco Roda, Sin Permiso, 13/01/2013)
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