"Desde la reunificación, la economía alemana ha crecido alrededor de
un 30%, pero el resultado no ha sido una prosperidad general, sino un
enorme incremento de la desigualdad. A partir de 1990 los impuestos a
los más ricos han bajado un 10% y la imposición fiscal a la clase media
ha subido un 13%; los salarios reales se redujeron un 0,9% y las rentas
de capital y de las empresas crecieron un 36%.
En esa dinámica ha sido
fundamental la agenda 2010 aprobada en 2003 por Schröder y de cuyos
efectos se está beneficiando ahora el Gobierno de Merkel. Schröder
privatizó el sistema de pensiones, aumentó la edad de jubilación y
flexibilizó el mercado laboral creando un segundo mercado de carácter
precario y mal pagado al lado del habitual.
Todas estas medidas han sido
presentadas como generadoras de empleo, cuando la realidad es que se ha
repartido el mismo trabajo entre más personas al convertir empleos a
tiempo completo en empleos a tiempo parcial, tal como demuestra el hecho
de que el número de horas totales trabajadas apenas haya cambiado desde
1991 pese a la reducción del paro.
El aumento del empleo registrado en
los últimos años, que se vende como un “milagro”, se concentra sobre
todo en el segmento del trabajo precario. Este sector, que en 1995
utilizaba al 15% de los trabajadores, emplea hoy al 25%, y se ha
expandido tres veces más rápido que el sector tradicional.
Los llamados minijobs, tan admirados por los políticos españoles, no
son más que paro encubierto. Siete millones de trabajadores alemanes
cobran como máximo 400 euros mensuales por trabajo a tiempo parcial que,
tal como se distribuye la jornada, ocupa la casi totalidad del día.
El
Gobierno y la Patronal hablan de entrada al mercado de trabajo, pero en
realidad en muchos casos constituyen empleos a tiempo completo, ya que
los empresarios pagan las horas extraordinarias en negro y evitan así
las cotizaciones sociales.
Las cotizaciones de los minijobs a los fondos
públicos de pensiones solo les darán derecho a 3,11 euros al mes por
año trabajado, con lo que en el momento de la jubilación, tras 45 años
de trabajo, cobrarán pensiones que en valor actual no sobrepasarán los
200 euros mensuales.
La política de Merkel, continuadora en el fondo de la de Schröder, es
la de empobrecer al vecino, arruinando al mismo tiempo a gran parte de
su clase trabajadora. Contando con la inmovilidad del tipo de cambio,
utiliza el dumping laboral y social. El supuesto milagro alemán se
fundamenta en potenciar las exportaciones y el superávit en la balanza
de pagos prescindiendo de la demanda interna.
Su contrapartida
forzosamente tiene que ser el déficit exterior de los otros países. Ahí
se encuentra, sin embargo, la contradicción del discurso de la canciller
cuando pretende imponer a los otros Estados la misma política aplicada
en su país; de tener éxito, Alemania perdería su ventaja comparativa.
Los únicos beneficiarios de la Unión Monetaria y de la política
seguida por Merkel y las instituciones europeas están siendo las grandes
empresas y el capital, especialmente los bancos y dentro de ellos los
alemanes. Entre 2008 y 2009, Alemania invirtió 480.000 millones de euros
de los contribuyentes en sus bancos para paliar el enorme desastre que
estos habían creado con el capital especulativo proveniente del
excedente exterior alemán.
Las cantidades ingentes de recursos prestadas
como rescate a los países del Sur han servido para salvar las pifias
cometidas por sus entidades financieras, pero también para rescatar al
mismo tiempo a los bancos alemanes que eran los principales prestatarios
de aquellas.
Merkel está ocultando su política depredadora hacia las clases bajas
alemanas y la enorme injusticia de dedicar tanto dinero público a salvar
a los bancos de su propia avaricia e incompetencia con el mantra de que
la responsabilidad de la crisis radica en la prodigalidad y despilfarro
de los países del Sur, lo que es totalmente falso.
Una vez más, el
nacionalismo alemán -igual que el catalán- se utiliza para engañar a la
población desviando la atención del auténtico problema." (Juan Francisco Martín Seco, Attac España, 19/01/2013)
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