" Recordemos que cuando el Estado de un país emite deuda pública, lo que
está haciendo en realidad es entregar títulos (papelitos) a cambio de
que le presten dinero. Esos préstamos tienen un tipo de interés, que es
el coste que tiene que pagar el Estado por haber pedido dinero prestado. (...)
El tipo de interés que acuerden será más alto a medida que el Estado
empeore su situación económica, puesto que es una forma de compensar el
posible hecho de que al final el Estado no pueda devolver el dinero. (...)
Parece comprensible que los inversionistas cada vez confíen menos en el
Estado español, debido a la desastrosa situación económica que está
atravesando. Pero, ¿es comprensible que en ocasiones la prima de riesgo
española se dispare en un solo día, o incluso en unas pocas horas,
cuando no ha pasado nada digno de mención en la economía española?(...)
Lo que ocurre es que en ese movimiento influyen otros factores, y especialmente el de la especulación financiera. (...)
Aquí ofrecemos una explicación sencilla de una de las formas a través
de las cuales los especuladores financieros obtienen enormes beneficios
atacando a la deuda pública de los países (y particularmente a la deuda
española a partir de 2010).
1) El primer movimiento del especulador consiste en descubrir alguna debilidad de algún país.
Al igual que los tiburones atacan cuando huelen la sangre, los
especuladores atacan cuando encuentran alguna fisura en la salud de una
economía nacional. (...)
2) El segundo movimiento consiste en comprar CDS para utilizarlos como “caballo de Troya”. Un
CDS es un título financiero (papelito) que funciona como un seguro. Al
igual que un seguro de coche te cubre en caso de accidente, un CDS te
cubre en caso de que algún Estado no te devuelva el dinero que le
prestaste.
El especulador le compra los CDS a un banco de inversión que
se compromete, en caso de que el Estado español no devuelva el dinero, a
cambiarle el título de deuda pública española por un título de deuda
pública alemana (que goza de mayor confianza y seguridad).
El CDS tiene
un precio, que será más alto conforme más elevado sea el riesgo de que
el Estado no devuelva el dinero (al igual que un seguro de coche es más
caro conforme más probabilidades tenga el conductor de sufrir un
accidente).
Puesto que todavía (principios de 2010) no hay dudas serias
sobre la solvencia del Estado español, este precio es bajo. El
especulador se asegura de comprar muchos títulos de CDS para que luego
funcionen como un “caballo de Troya”.
Lo gracioso es que el especulador puede comprar los CDS aunque no
tenga títulos de deuda pública en su poder, debido a las pocas normas
regulatorias que existen en los mercados financieros.
3) El tercer movimiento consiste en pedir prestados una cantidad enorme de títulos de deuda pública en el mercado secundario.
El especulador obtiene así muchísimos títulos de deuda pública española
que se compromete a devolver pasado un tiempo.
Pero antes de que llegue
el momento de devolverlos, los venderá de forma masiva y en un solo día
(las normas de los mercados financieros permiten hacer algo tan
estrafalario como vender títulos que te han prestado).
La venta de
tantos títulos de deuda pública no pasará desapercibida, y los demás
inversionistas verán en ella una señal de que están empezando a
desconfiar de la solvencia del Estado español, puesto que parece que hay
mucha gente vendiendo los títulos de deuda pública española.
Si esta
acción se acompaña de rumores y opiniones (por parte de expertos
relacionados con el fondo especulador, por ejemplo) que lanzan el
mensaje de que el Estado español tendrá problemas para afrontar sus
pagos, entonces el efecto será aún mayor, y los inversionistas
poseedores de títulos de deuda pública española se asustarán y venderán
ellos también todos los títulos que puedan.
Como muchos agentes quieren
librarse de los títulos a toda costa, los venderán al precio que sea y
esto hará que pierdan mucho valor (por la ley de la oferta y la demanda;
cuantos más agentes ofrezcan algo, más bajará su precio).
Al mismo tiempo, nuestro especulador utiliza el dinero que ha
recibido por la venta de títulos de deuda española para comprar títulos
de deuda pública alemana, empujando al alza la valoración de estos
títulos alemanes (por la ley de la oferta y la demanda; cuantos más
agentes demanden algo, más subirá su precio).
4) El cuarto movimiento se produce de forma
automática: es el impacto que tiene el “caballo de Troya” instalado a
través de los CDS. Recordemos que nuestro especulador compró muchos
CDS (seguros) a un banco de inversión. Este banco de inversión (vendedor
de seguro) empieza a ver que el Estado español tiene más posibilidades
de quebrar.
Puesto que se comprometió a entregar títulos de deuda
pública alemana a los compradores de CDS en el caso de que el Estado
español quebrara, lo que hace el fondo de inversión es comprar títulos
de deuda pública alemana para tener suficientes en su cartera (y también
vender títulos de deuda española porque tienen ya muy poco valor).
Estos dos movimientos reforzarán la senda iniciada por nuestro
especulador: venta masiva de títulos de deuda pública española (lo que
reducirá su precio) y compra masiva de títulos de deuda alemana (lo que
aumentará su precio).
5) El último movimiento consiste en recoger las ganancias realizadas por el movimiento especulativo. Nuestro
especulador compró muchos títulos de deuda alemana a un precio bajo, y
ahora que han aumentado mucho su valor los vende, obteniendo suculencias
ganancias.
Además, ahora comprará títulos de deuda pública española a
precios muy bajos y los devolverá al agente que se los prestó en su día.
Pero para rematar la jugada venderá los CDS que compró al principio,
puesto que ahora se valoran mucho más ya que hay gente asustada que
quiere comprar seguros por si el Estado español quiebra. Más ganancias
al vender los CDS.
Así es cómo los especuladores actuaron y actúan para cosechar beneficios
mastodónticos al mismo tiempo que ponen a España y otros países contra
la espada y la pared al provocar un aumento importante de sus primas de
riesgo (ya que la confianza en sus títulos de deuda baja, y la
depositada en los títulos alemanes sube). Una actuación abominable y
criminal que está permitida por los grandes poderes públicos de los
países occidentales." (Eduardo Garzón Espinosa, 20/02/2013)
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