13.2.13

Elección de Papa: el Opus se juega el control del Vaticano

"Benedicto XVI sorprendió al mundo entero con su renuncia y de ello se habla sin parar en todos los foros de comunicación en las últimas 24 horas. Pero hay una vertiente del ‘notición’ que conviene destacar: el anuncio por sorpresa del Papa en un consejo vaticano ordinario deja poco más de un mes para las luchas internas de poder, las alianzas y las conspiraciones. 

El presidente de la Conferencia Episcopal Española, Rouco Varela, afirmó en rueda de prensa  que los papados son “lineales” y que nadie espere “movimientos bruscos” en la fumata de finales de marzo. 

Para empezar ya ha habido un sorpresón mayúsculo: la renuncia de Benedicto XVI, y también hay algún detalle inquietante, como la sorprendente cara de felicidad que tenía ayer Rouco Varela en su comparecencia ante los medios.  (...)

¿Cuál es la diferencia con otros relevos papales? La fundamental es que no había que elegir Papa por sorpresa: o bien la avanzada edad o la delicada salud daban años de margen para alianzas y contra alianzas o bien los movimientos políticos y las guerras en siglos anteriores marcaban la elección.

 Hay una excepción: la repentina muerte de Juan Pablo I apenas un mes después de ser elegido Papa. (...)

El fallecimiento de Juan Pablo I y la llegada del carismático Juan Pablo II supuso una revolución –o mejor dicho contra revolución- en la Iglesia Católica. Juan Pablo II silenciosamente, pero con un apoyo mediático y propagandístico como nunca se vio en el Vaticano, no solo utilizó su carisma y su olfato político para sacar al Vaticano en los informativos de todo el mundo, sino que supuso un hecho fundamental: El Opus Dei se hizo con el control total y absoluto de la Iglesia Católica.

Cabe recordar que Juan Pablo II laminó a la “teología de la Liberación” de la que no queda ni rastro en América Latina y metió en cintura a los Jesuitas. El poder de esta orden religiosa era tal que al superior de los jesuitas se le conocía como “el papa negro”. Juan pablo II los arrinconó.

Laminados o reducidos a la mínima expresión los grupos de ‘disidencia’ interna, Juan Pablo II no ocultó su cercanía (pertenencia) a la ‘Obra’, canonizó a su fundador y concedió al Opus Dei un estatus dentro de la Iglesia Católica de absoluta prevalencia.

La agonía de Juan Pablo II fue lenta y dolorosa y durante esos años de agonía se pergeñó la sucesión. El cardenal Ratzinger había sido su mano derecha y prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe (antigua Inquisición) desde donde se puso en marcha la estrategia para acabar con la Teología de la Liberación (...)

La jerarquía católica se mueve en un dilema global: la Iglesia no puede centrarse en Europa. La religión católica puede parecer demasiado europea y demasiado blanca, mientras en América Latina y África avanzan con fuerza otras religiones, como la evangélica. Y en un dilema moral: adaptar su credo a los nuevos tiempos o no, aceptar los avances científicos o no, apertura o ultra ortodoxia. Esto último es fundamental para el Opus Dei, movimiento ultra conservador , defensor de las posturas más duras y radicales."        (El Plural, 12/02/2013)

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