"Cada vez que una enfermera se acercaba a ella, estaba aterrorizada,
aterrada de las mismas personas que deberían haber estado cuidándola".
Es una de las muchas frases que estos días no deja de repetir Julie Bailey,
incapaz de borrar de su mente cómo su madre enferma le cogía la mano,
clavándole las uñas al ver que se aproximaban las enfermeras del
Hospital de Stafford, del Servicio Nacional de Salud (NHS) británico.
Bailey es el alma del movimiento Cure the NHS (Curar al NHS),
campaña que decidió impulsar cuando perdió a su madre Isabella, de 86
años, tras su paso por este hospital público, cuya gestión corre a cargo
de la Mid Staffordshire Trust, que esta
semana sacó los colores de, no sólo todo el sistema sanitario de Reino
Unido, sino del Gobierno de David Cameron al completo al desvelar que en cuatro años se produjeron al menos 1.200 muertes por negligencias y desatención médicas.
Isabella Bailey ingresó en el hospital con una simple hernia de hiato. Preocupada por la deficiente atención
que el personal sanitario prestaba a su madre en el ala 11 del Hospital
de Stafford, su hija terminó optando por estar junto a ella las 24
horas del día. "Incluso cuando quería ir al baño, me suplicaba que no la dejara sola", recuerda su hija que hasta el ingreso en aquel hospital no había visto llorar a su madre jamás. (...)
Bailey llegó a plasmar en un libro, From Ward to Whitehall, toda su
experiencia, configurando lo que bien podría ser el guión de una
película de terror, narrando desde cómo "la mujer en aislamiento no fue
el único paciente al que vi bebiendo de los jarrones de flores
que se apilaban en el pasillo principal" a enfermos sin ser lavados en
días, "a pesar de estar cubiertos de heces" oliendo durante todo un fin
de semana.(...)
La fundadora de Cure the NHS describe
el centro hospitalario como un foco de "crueldad, con personal
totalmente despreocupado por los enfermos", donde "la negatividad se
retroalimentaba y se multiplicaba".
Enfermeras gritando "¡Vuelve a tu cama!" cada vez que veían cómo se levantaba un enfermo de su lecho, una plantilla bajo mínimos incapaz de alimentar a todos los pacientes,
ni tan siquiera, de hablar a los familiares hasta el punto de que
Bailey asegura que "podías estar plantada durante minutos en el control
de enfermería y ni levantaban la mirada para atenderte".
El clima de intimidación se extendía por los pasillos del centro y la ahora convertida en activista relata, incluso, amenazas de enfermeras advirtiendo de que "si hablas con la Dirección te meterás en problemas y no te va a ayudar nadie".
No todo el mundo era así, matiza la activista, que recuerda que aproximadamente un 20% de la plantilla constituía la excepción, "iluminaban la habitación con sólo su presencia", que incluso tenía efectos balsámicos en los agitados pacientes.
Deb Hazeldine perdió a su madre de 67 años en el Hospital de Stafford,
después de que ingresara únicamente para realizar durante unas semanas fisioterapia intensiva
después de haber terminado la quimioterapia para tratar un cáncer óseo.
En el plazo que estuvo ingresada, su madre se infectó con dos bacterias
asesinas, es decir, bacterias que destruyen el tejido a su paso
generando una infección denominada fascitis necrotizante.
Hazeldine no puede olvidar las palabras de su madre, "no me dejes morir
aquí", y cómo una vez fallecida, su cuerpo quedó tan desgarrado por las
infecciones que ni siquiera le dejaron acercase a él, "metido en una
bolsa con instrucciones de que no podía cogerle la mano o besarla para despedirme de ella".
Esta empleada pública en un Council (organismo de Administración local),
asegura con amargura que "mi madre murió sin recibir ninguna atención, sin dignidad"
y, precisamente por eso, "tras su muerte le prometí que lucharía hasta
el fin de mis días por mostrar al público su muerte tan horrorosa, para
asegurar que otros no la sufran". (...)
Los testimonios de los pacientes no son los únicos estremecedores. Shaun
Lintern es un periodista especializado en Sanidad que lleva siguiendo
el caso de la Mid Staffordshire Trust desde 2007, cuando ya entonces las familias alarmaban sobre la atención prestada en el centro. (...)
"Escuchar los testimonios con pelos y señales de los testigos ha sido
tan apasionante como espeluznante", admite el periodista, al tiempo que
reconoce que "ha sido una experiencia que vivirá conmigo el resto de mi
carrera profesional".
El periodista cuenta cómo los comparecientes se derrumbaban recordando
las muertes de sus familiares, describiendo sus propias experiencias que
el Hospital de Stafford. "A medida que la investigación se amplió al
resto del NHS y su fracaso en dar respuesta, mi horror y mi tristeza se
volvieron incredulidad, un shock al ver pasar organización tras organización pidiendo perdón por no haber salvaguardado a los pacientes", escuchando
a directivos esgrimir excusas tan banales como que pensaban que otro
estamento se había hecho ya cargo de la situación.
En este contexto, otro de los grandes fracasos que encuentra Lintern en este escándalo es "el de los profesionales en primera línea", es decir, médicos y enfermeras que ejercieron "una cultura del terror", a todos los niveles, tanto con pacientes como con empleados.
En este contexto, otro de los grandes fracasos que encuentra Lintern en este escándalo es "el de los profesionales en primera línea", es decir, médicos y enfermeras que ejercieron "una cultura del terror", a todos los niveles, tanto con pacientes como con empleados.
El
periodista asegura que algunos testigos, incluso, "hablaron de llamadas
por la noche por parte de los directores y gerentes presionando para
alcanzar objetivos, enfermeras amenazadas con su puesto de trabajo si hablaban y médicos suspendidos por haber elevado sus quejas", sin olvidar la intimidación entre las propias enfermeras." (Público, 20/02/2013)
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