"Si hay algo claro en estas elecciones es que el ganador ha sido Beppe
Grillo. Y decir que ha sido el ganador es un eufemismo. Las urnas han
expresado un levantamiento masivo contra las élites.
Al menos uno de
cada cuatro electores ha votado por la lista del cómico barbudo,
en muchas ocasiones sin tener el detalle de anunciarlo a los institutos
de sondeo, también considerados como parte de la élite. Y no se puede
reducir todo a una cuestión visceral, aunque las vísceras se retuerzan
por lo vacías que están. Se trata de sentimiento, no sólo de
resentimiento.
Existe la esperanza desesperada de que los parlamentarios
del Movimiento 5 Estrellas [el partido de Grillo] sean distintos, de
que no se llenen los bolsillos, pero sobre todo, de que escuchen, porque
los demás ya no lo hacían.
Es como si, desde miles de despachos, se hubiera elevado el grito de
miles de soledades conectadas entre sí por los cables de los
ordenadores. Una emoción virtual que, con el tiempo, se ha convertido en
una expresión de protesta que reúne a personas que se sienten
incomprendidas y dominadas por la sombra sorda de demasiados centros de
intereses: la Casta de los políticos, de los periodistas, de los
banqueros, de los enchufados.
Cada miembro de la comunidad de Grillo tiene una historia y un
fracaso distinto: el que ha perdido o nunca encontró un empleo, o la
confianza en el futuro, en el Estado y en los organismos intermediarios,
como los partidos y los sindicatos. No odian la política, sino a
aquellos que ejercen esta profesión desde hace demasiado tiempo, sin
tener las competencias ni la autoridad moral para ello.
Alrededor de estas soledades desoladas, existía un vacío de atención y
Grillo lo ha llenado. Primero con un “Vaffanculo” ["que os zurzan" –
"fuck you"], y luego con una serie de propuestas concretas y una buena
dosis de utopía. Ha dibujado paisajes que luego cada uno ha coloreado
como ha querido.
Desde el punto de vista de la composición social, su
movimiento es una franquicia: en Turín, encontramos a los alternativos
que quieren derrocar al capitalismo; en Bérgamo, a los dueños de
pequeñas empresas con problemas con el fisco; en Palermo, a los
desesperados y a los alérgicos a cualquier forma de opresión pública o
privada. Allí donde haya malestar, Grillo ha propuesto un formato y un
rostro, el suyo.
Los profesionales de la política no han sabido o quizás no han podido
ofrecer una alternativa. Habría bastado con una autorreforma digna,
algunos recortes en los costes y el número de parlamentarios, una
campaña electoral que no hablara únicamente de cifras, sino también de
medio ambiente, de la vida, del futuro.
En cambio, han soltado números
fríos, han hablado de Merkel y han mascullado metáforas incomprensibles,
perdidos en sus universos.
En la tierra, tan sólo había un viejo empresario, con los bolsillos
repletos de tiques-regalo para el mundo de los sueños y un bufón que ha
estudiado tan bien el mecanismo de seducción de Berlusconi que ha
logrado sublimarle. Grillo eligió el lenguaje del espectáculo, el único
que los italianos parecen comprender, tras 20 años de vacío.
Pero lo ha utilizado para decir cosas serias y además se ha servido
de su popularidad, de su energía e incluso de sus defectos. Incluso la
selección de candidatos desconocidos y poco representativos ha resultado
ser un punto fuerte.
Si entre las numerosas y nuevas ofertas políticas,
la suya es la única que ha tenido éxito, también es porque, a
diferencia del jefe de Gobierno saliente, el técnico Mario Monti y el
exjuez Antonio Ingroia, no la rellenó de pseudo-personalidades, ni de
fríos tecnócratas, ni de polvorientos notables.
Entre los seguidores de Grillo podemos encontrar de todo: desde el
soñador pragmático hasta el victimista crónico. Pero entre los muchos
votantes de última hora, creo que existe una fusión de dos estados de
ánimo aparentemente opuestos.
Por un lado, el deseo apasionado de
colapsar el sistema, con la esperanza de que pueda resurgir de los
escombros de las distintas Castas una nueva clase dirigente. Por otro,
el cálculo racional que consiste en enviar al Parlamento a un grupo de
extraterrestres con vista aguda, que vigilará de cerca los chanchullos
del poder.
¿Y ahora qué? El movimiento de los fiables controladores de la
gestión es tan nuevo, que sigue siendo un misterio incluso para los que
le han votado. ¿Grillo es el señor absoluto de este equipo o bien sólo
es el árbitro, que vela por el respeto de las normas y decide las
expulsiones?
¿Los parlamentarios recibirán órdenes de él o bien, como
aseguran al unísono, únicamente de la gente de Internet, a la que
someterán cada propuesta, si llegan al improbable acuerdo de Gobierno
con el próximo jefe de Estado?
La única pregunta que realmente resulta absurda es si los electores
del Movimiento 5 Estrellas son de derecha o de izquierda. Grillo no les
ha quitado votos a los demás partidos. Se ha limitado a recoger los que
se les han ido cayendo. Y la próxima vez, podrían ser aún más numerosos." (Presseurop, 26 febrero 2013, La Stampa
Turín)
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