20.3.13

La organización empresarial debe concebirse como un entramado de contratos explícitos e implícitos y una red de confianza que se desarrolla en tanto que procesadora de conocimientos

"La competitividad de nuestra economía y la productividad del trabajo no sólo depende de los costes laborales y de los trabajadores, sino también, y de manera determinante, de la organización del trabajo, de la capacidad de innovación, del stock de capital de las empresas, de las capacidades de los directivos y de los aciertos de su gestión empresarial en un mercado globalizado.

La mayor parte de responsabilidad sobre la velocidad de crecimiento de la productividad corresponde a los que pueden tomar las decisiones sobre el cambio tecnológico, la inversión en la empresa y la apuesta por la formación y motivación del capital humano. Las reformas laborales no pueden ignorar esta cuestión crucial, casi siempre ignorada. (...)

Los directivos de las organizaciones están demostrando demasiadas veces comportamientos cortoplacistas ineficientes que dan lugar a resultados insostenibles para las empresas y para la economía del país. (...)

El abuso del poder de los directivos conduce a infravalorar sistemáticamente los rendimientos esperados de las inversiones a largo plazo en capital fijo, I+D+i, formación, etc. (...)

Casos como el de Bankia o el del Grupo Marsans nos muestran que más urgente que la manida reforma laboral destinada a mermar derechos a los trabajadores, es necesaria la reforma en el gobierno corporativo de las empresas. (...)

UNA NUEVA VISIÓN DE LAS EMPRESAS

Los activos físicos ya no son el recurso crítico. El trabajo ha aumentado su importancia, lo mismo que contar con una buena red de proveedores o socios comerciales y compartir tecnología, conocimiento, ideas y estrategias. Esos activos tienen capacidad de aumentar valor con independencia de los titulos legales de propiedad que muestren los accionistas de la firma. 

La creación de valor depende sobre todo de los recursos, competencias y evolución de la empresa, concebida como un conjunto coherente concretamente orientado a generar conocimientos y alcanzar una ventaja competitiva sostenible en el tiempo. Si esas relaciones se vuelcan a la apropiación del valor aportado por los otros componnetes de la sociedad, se entra en una espiral insostenible.  

En dicho contexto, se hace necesario el control de los recursos por parte de todos aquellos que están inmersos en el proceso de innovación, referido éste no sólo a aspectos tecnológicos sino también comerciales y de gestión. En consecuencia, un sistema de gobierno de la empresa que promueva la innovación exige más un control desde la organización que un control desde el mercado.

 Es decir, requiere situar el control estratégico dentro de la firma en manos de quienes tienen los incentivos y las capacidades para efectuar las inversiones exigidas por la innovación y participan en el aprendizaje organizacional, lo que obliga a ir mucho más allá del simple marco de los accionistas u otros proveedores de recursos financieros. 

 Esto demanda una redefinición del gobierno corporativo, para ajustarlo a un modelo de “producción en equipo” que tenga presentes las complejas aportaciones de múltiples partícipes, las diversas inversiones específicas, la función esencial del conocimiento y la noción de las capacidades organizacionales, dado el nuevo entorno económico en que se mueven las compañías. 

 La organización empresarial debe concebirse como un entramado de contratos explícitos e implícitos y una red de confianza que se desarrolla en tanto que procesadora de conocimientos.

 Entonces la compañía ha de velar por los intereses de cuantos contribuyen a la creación general de valor, potencian el aprendizaje de la organización y asumen riesgos no diversificables (específicos) a través de la realización de inversiones específicas en la empresa.  (...)

El desarrollo de relaciones de confianza basadas en consensos internos significa caminar en el sentido opuesto de la unilateralidad que representa la actual reforma laboral. (...)

El gobierno de la empresa es ahora tan importante en la economía mundial como la gobernanza de los países. Esperemos se aproveche la crisis como oportunidad y se produzcan estas reformas empresariales, encaminadas a conseguir más transparencia, más control de conductas oportunistas de los directivos y sobre todo más ética empresarial."           (Economistas frente a la crisis, 14/03/2013)

No hay comentarios:

Publicar un comentario